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    <title>LOW←TECH MAGAZINE Español</title>
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      <title>Lujo comunitario: Los baños públicos</title>
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      <pubDate>Mon, 24 Nov 2025 00:00:00 +0000</pubDate>
      
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      <description>&lt;div class=&#34;article-img &#34;&gt;
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&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2025/11/communal-luxury-the-public-bathhouse/images/dithers/Hot-spring-pool-bathhouse_in_Beitou-Taiwan-1900s-museum_dithered.png&#34; alt=&#39;Imagen: Baño construido sobre una piscina termal, Taiwán. Foto de principios del siglo XX, dominio público.&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
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 Imagen: Baño construido sobre una piscina termal, Taiwán. Foto de principios del siglo XX, dominio público. 
&lt;/figcaption&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;h2 id=&#34;sin-agua-corriente-en-casa&#34;&gt;Sin agua corriente en casa&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Para las personas en las sociedades industriales, pocas actividades exigen más privacidad que lavarse y cuidar de su cuerpo. Solemos hacerlo solos, en nuestros baños privados, con las puertas cerradas. Visto desde una perspectiva histórica esto resulta inusual. Bañarse en presencia de otros ha sido la regla, no la excepción. Incluso en la primera mitad del siglo XX, muchos hogares, incluso en las sociedades industriales más avanzadas, no contaban con agua corriente, y mucho menos con baños privados. &lt;sup id=&#34;fnref:1&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:1&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;1&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Un baño requiere un suministro de agua potable, pero también un desagüe y una fuente de energía para calentar el agua. Sin embargo, es posible darse un baño caliente en casas sin estas infraestructuras. Desde la Antigüedad, los ricos construían baños privados en sus casas y, frecuentemente, podían hacerlo porque las personas con menos recursos —sirvientes o personas esclavizadas— llenaban y vaciaban sus bañeras con cubos de agua y recogían leña para calentarlas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sin embargo, para la mayoría de las personas, era más práctico llevar sus cuerpos hasta el agua que hacer lo contrario. Para algunos, eso significaba bañarse en ríos, lagos y manantiales. Para otros, especialmente en entornos urbanos, significaba visitar los baños públicos.&lt;/p&gt;
&lt;div class=&#34;article-img &#34;&gt;
&lt;figure data-imgstate=&#34;dither&#34;&gt;
&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2025/11/communal-luxury-the-public-bathhouse/images/dithers/Badhuis-Aken-Jan_Luyken-1682_dithered.png&#34; alt=&#39;Imagen: Baños públicos en Aquisgrán, Alemania, por Jan Luyken, 1682.&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
&lt;figcaption class=&#34;caption&#34;&gt;
 Imagen: Baños públicos en Aquisgrán, Alemania, por Jan Luyken, 1682. 
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&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;h2 id=&#34;es-insostenible-bañarse&#34;&gt;¿Es insostenible bañarse?&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Las prácticas modernas de tomar baño son un ejemplo clásico de un estilo de vida insostenible basado en combustibles fósiles. La producción de agua caliente es el segundo mayor consumo de energía en muchos hogares (después de la calefacción y/o refrigeración), y gran parte de ella se utiliza para bañarse o ducharse. &lt;sup id=&#34;fnref:2&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:2&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;2&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; El baño moderno también consume mucha agua y añade un consumo energético adicional a través de la calefacción y el tratamiento de aguas residuales. Además, construir y renovar baños también requiere un uso importante de recursos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los defensores de la sostenibilidad siguen dos estrategias para abordar estos problemas. La primera se centra en soluciones tecnológicas, como &lt;a href=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2019/10/mist-showers-sustainable-decadence/&#34;&gt;duchas de bajo consumo&lt;/a&gt;, calderas de agua calentadas por colectores solares, sistemas de recuperación de calor de aguas residuales y reciclaje de aguas grises. La segunda estrategia se basa en cambios sociales o de comportamiento, al cuestionar los estándares modernos de limpieza y comodidad: bañarse o ducharse durante menos tiempo y con menos frecuencia, ducharse con agua fría o bañar al gato en el lavabo. &lt;sup id=&#34;fnref1:2&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:2&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;2&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:3&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:3&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;3&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Es poco probable que estas estrategias den buenos resultados. Muchas soluciones tecnológicas son difíciles o imposibles de implementar en edificios ya existentes, especialmente en las ciudades. Por ejemplo, a medida que aumenta el número de pisos, un edificio de apartamentos se queda rápidamente sin espacio en el tejado para instalar colectores solares para todos los residentes. Por otro lado, promover la incomodidad como un sacrificio en pro de la sostenibilidad, probablemente no fomente la expansión de tales prácticas ambientales. &lt;sup id=&#34;fnref1:3&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:3&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;3&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:4&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:4&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;4&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;blockquote&gt;
&lt;p&gt;Los baños comunitarios facilitan que las prácticas de baño se desvinculen de los combustibles fósiles.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Los baños comunitarios podrían ser una tercera opción, pero rara vez son mencionados, lo cual es llamativo, pues en términos de eficiencia de recursos, es una alternativa difícil de superar. Construir y operar un baño para 1.000 personas requiere mucha menos energía que construir y operar 1.000 baños individuales. Un baño público también es más eficiente en cuanto a materiales, dinero y espacio. &lt;sup id=&#34;fnref:5&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:5&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;5&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No menos importante, los baños públicos facilitan la implementación de las tecnologías sostenibles mencionadas anteriormente. Esto reduce aún más el consumo de energía y permite desvincular las prácticas asociadas al baño de los combustibles fósiles. Además, un baño público puede alcanzar niveles de sostenibilidad significativamente superiores sin generar incomodidad. Por el contrario, invertir recursos para construir algo para la comunidad, en vez de para cada hogar por separado, permite generar un alto nivel de ganancia en términos de sostenibilidad. Esto puede ser más fácil de vender que las duchas frías.&lt;/p&gt;
&lt;div class=&#34;article-img &#34;&gt;
&lt;figure data-imgstate=&#34;dither&#34;&gt;
&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2025/11/communal-luxury-the-public-bathhouse/images/dithers/18388_3_en-1897-bains-dunkerquois_dithered.png&#34; alt=&#39;Imagen: Baños públicos en Dunkerque, Francia, inaugurados en 1897.&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
&lt;figcaption class=&#34;caption&#34;&gt;
 Imagen: Baños públicos en Dunkerque, Francia, inaugurados en 1897.
&lt;/figcaption&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;h2 id=&#34;baños-en-ríos-lagos-y-aguas-termales&#34;&gt;Baños en ríos, lagos y aguas termales&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;La naturaleza ha proporcionado a los humanos instalaciones para bañarse usando arroyos, ríos, pozas, lagos, cascadas y lluvias. Históricamente la humanidad ha transcurrido mucho tiempo en el África tropical, donde bañarse no requería agua calentada artificialmente en pro del confort. Al adentrarnos en climas más fríos, la naturaleza nos ofrece otra solución: las aguas termales. Existen decenas de miles de ellas en todo el planeta; actualmente solo unos pocos países carecen de éstas completamente. &lt;sup id=&#34;fnref:6&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:6&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;6&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:7&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:7&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;7&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bañarse en aguas termales era común en las civilizaciones antiguas alrededor del mundo. Sin embargo, es una práctica que se remonta a tiempos aún más remotos. La evidencia arqueológica demuestra con creces que muchos asentamientos prehistóricos se establecieron cerca de dichas fuentes. &lt;sup id=&#34;fnref1:6&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:6&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;6&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:8&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:8&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;8&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Es imposible demostrar con certeza que la gente usara esas aguas para bañarse, pero ¿por qué no lo harían, especialmente en regiones frías? &lt;sup id=&#34;fnref:9&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:9&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;9&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;blockquote&gt;
&lt;p&gt;Disfrutar de un baño caliente es una práctica que data de antes de la historia escrita.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;La cultura del baño actual depende de los combustibles fósiles, pero, si consideramos el contexto histórico, disfrutar de un baño caliente no debería ser insostenible. En el caso de las aguas termales, toda la infraestructura y el funcionamiento (suministro de agua, drenaje y fuente de calor) ya están instalados.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Nuestros antepasados también inventaron el baño de vapor para aprovechar el agua fría en todas las estaciones y climas. En lugar de calentar el agua, se calienta a las personas para que puedan bañarse a gusto en el agua fría. Las primeras cabañas de vapor, de la prehistoria, eran poco más que pequeñas cabañas de troncos, o estructuras similares a tiendas de campaña, cubiertas con mantas de lana o pieles. &lt;sup id=&#34;fnref:10&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:10&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;10&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:11&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:11&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;11&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:12&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:12&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;12&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:13&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:13&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;13&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;div class=&#34;article-img &#34;&gt;
&lt;figure data-imgstate=&#34;dither&#34;&gt;
&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2025/11/communal-luxury-the-public-bathhouse/images/dithers/bathing-place-paul-gauguin-1886-pont-aven-france-1024x860_dithered.png&#34; alt=&#39;Pintura: Lugar de Baño, óleo sobre lienzo, Paul Gauguin, 1886.&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
&lt;figcaption class=&#34;caption&#34;&gt;
 Pintura: Lugar de Baño, óleo sobre lienzo, Paul Gauguin, 1886. 
&lt;/figcaption&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;h2 id=&#34;el-nacimiento-de-los-baños-públicos&#34;&gt;El Nacimiento de los Baños Públicos&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Las instalaciones de baño artificiales hechas de ladrillo o piedra aparecieron hace unos 4.000 años. &lt;sup id=&#34;fnref:14&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:14&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;14&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Podían ser piscinas al aire libre, baños públicos o baño privados. Muchos baños y piscinas se construyeron sobre aguas termales naturales, modificando el entorno natural para hacerlo más cómodo, seguro y atractivo. &lt;sup id=&#34;fnref2:6&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:6&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;6&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref1:8&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:8&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;8&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; También se comenzó a desviar el agua hacia los baños construidos en las ciudades mediante canales, tuberías y acueductos, y se empezaron a construir baños que utilizaban agua calentada artificialmente.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los antiguos romanos son conocidos por sus baños públicos, aunque se inspiraron mucho en los antiguos griegos. Los baños públicos griegos contaban con habitaciones con bañeras individuales adosadas a las paredes. Estos constaban de habitaciones con bañeras individuales con un asiento contra la pared. Sentados con la espalda recta, los bañistas se echaban agua caliente sobre el cuerpo o lo hacía por ellos un sirviente. Por el contario, los bañistas romanos compartían el agua en grandes bañeras o piscinas, y ambos utilizaban también baños de vapor. &lt;sup id=&#34;fnref:15&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:15&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;15&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:16&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:16&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;16&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:17&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:17&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;17&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:18&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:18&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;18&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En el auge del Imperio, solo en la ciudad de Roma existían alrededor de 1.000 baños públicos para una población de aproximadamente un millón de personas, esto es, un baño por cada 1.000 habitantes. &lt;sup id=&#34;fnref2:8&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:8&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;8&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:19&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:19&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;19&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Los baños más destacados eran las termas, que podían albergar hasta varias miles de personas bañándose simultáneamente. Estas instalaciones, que solo aparecían en las ciudades más grandes, estaban ricamente decoradas con mosaicos, suelos y piscinas de mármol, columnas de granito y estatuas. Sin embargo, la mayoría de los baños públicos de la Antigua Roma eran instalaciones de barrio, más pequeños, llamados “balnea”. &lt;sup id=&#34;fnref1:15&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:15&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;15&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;div class=&#34;article-img &#34;&gt;
&lt;figure data-imgstate=&#34;dither&#34;&gt;
&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2025/11/communal-luxury-the-public-bathhouse/images/dithers/Baths_of_Diocletian_-_Paulin_1880_dithered.png&#34; alt=&#39;Imagen: Sección transversal de las Termas de Diocleciano, obra del arquitecto francés Edmond Paulin, 1880. Este complejo termal era el más grande de la Antigua Roma, con capacidad para más de 3.000 personas.&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
&lt;figcaption class=&#34;caption&#34;&gt;
 Imagen: Sección transversal de las Termas de Diocleciano, obra del arquitecto francés Edmond Paulin, 1880. Este complejo termal era el más grande de la Antigua Roma, con capacidad para más de 3.000 personas. 
&lt;/figcaption&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;h2 id=&#34;los-baños-públicos-preindustriales&#34;&gt;Los Baños Públicos Preindustriales&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;La historia de los baños públicos continúa tras la caída del Imperio Romano. En Oriente, los baños romanos evolucionaron hacia el hammam, que prescindió de las piscinas y se centró más en la sudoración como método de limpieza. &lt;sup id=&#34;fnref:20&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:20&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;20&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:21&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:21&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;21&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Tras un baño de sudor, la personas se echaban agua sobre el cuerpo. Como reminiscencias de los pequeños baños romanos conocidos como balnea, los hammams se extendieron ampliamente por todas las ciudades del mundo islámico, ya que facilitaban la limpieza corporal y la realización de abluciones corporales antes de la oración. &lt;sup id=&#34;fnref:22&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:22&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;22&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En Europa Occidental, muchos baños romanos cayeron en desuso. Sin embargo, los baños públicos volvieron con fuerza a finales de la Edad Media al iniciarse un nuevo período de urbanización. &lt;sup id=&#34;fnref:23&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:23&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;23&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:24&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:24&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;24&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:25&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:25&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;25&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; En los siglos XIII, XIV y XV, muchas ciudades europeas contaban con un baño público por cada 2.000 a 5.000 habitantes.&lt;sup id=&#34;fnref:26&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:26&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;26&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Muchos eran baños de vapor inspirados en el hammam. Un segundo tipo de baño ofrecía bañeras de madera para grupos pequeños. Los baños medievales se conocían como &amp;ldquo;estofados&amp;rdquo;, pues el nombre se refería al horno que calentaba el agua para las bañeras o que llenaba la habitación de vapor. &lt;sup id=&#34;fnref1:23&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:23&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;23&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref1:25&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:25&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;25&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;div class=&#34;article-img &#34;&gt;
&lt;figure data-imgstate=&#34;dither&#34;&gt;
&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2025/11/communal-luxury-the-public-bathhouse/images/dithers/Hann_M%C3%BCnden_Badstoven_dithered.png&#34; alt=&#39;Imagen: Un antiguo baño medieval, construido en 1562, en Münden, Alemania. Foto de Axel Hindemith (CC BY-SA 4.0).&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
&lt;figcaption class=&#34;caption&#34;&gt;
 Imagen: Un antiguo baño medieval, construido en 1562, en Münden, Alemania. Foto de Axel Hindemith (CC BY-SA 4.0). 
&lt;/figcaption&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class=&#34;article-img  vertical&#34;&gt;
&lt;figure data-imgstate=&#34;dither&#34;&gt;
&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2025/11/communal-luxury-the-public-bathhouse/images/dithers/Durer__Albrecht_-_Women_s_Bath_dithered.png&#34; alt=&#39;Imagen: Baños de mujeres, de Alberto Durero, 1496.&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
&lt;figcaption class=&#34;caption&#34;&gt;
 Imagen: Baños de mujeres, de Alberto Durero, 1496. 
&lt;/figcaption&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
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&lt;figure data-imgstate=&#34;dither&#34;&gt;
&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2025/11/communal-luxury-the-public-bathhouse/images/dithers/Ludwig_Rohbock_1850a_Rudas_Baths_IMG_0644_dithered.png&#34; alt=&#39;Pintura: Baños Rudas, Ludwig Rohbock, 1850. Los Baños Rudas de Budapest se construyeron en 1550 y siguen en funcionamiento.&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
&lt;figcaption class=&#34;caption&#34;&gt;
 Pintura: Baños Rudas, Ludwig Rohbock, 1850. Los Baños Rudas de Budapest se construyeron en 1550 y siguen en funcionamiento. 
&lt;/figcaption&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;El norte de Europa y Rusia, que nunca fueron conquistados por los imperios romano o islámico, se mantuvieron fieles a los baños de sudor y aire caliente. Por ejemplo, existían &amp;ldquo;banyas&amp;rdquo; públicas en ciudades de Moscovia durante la Edad Media. &lt;sup id=&#34;fnref1:12&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:12&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;12&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Asia también desarrolló, de forma independiente, una cultura relacionada con el baño. Por ejemplo, en el Japón de finales de la Edad Media, la gente compartía baños privados calientes entre familiares, vecinos y amigos por razones económicas. Para estos &amp;ldquo;baños cooperativos&amp;rdquo; de entre cuatro y diez personas, cada bañista traía una porción de leña para calentar el agua. Esta práctica evolucionó a baños públicos más grandes, los &amp;ldquo;sento&amp;rdquo;, que experimentaron un rápido crecimiento a partir del siglo XV.&lt;sup id=&#34;fnref:27&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:27&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;27&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:28&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:28&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;28&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;div class=&#34;article-img &#34;&gt;
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&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2025/11/communal-luxury-the-public-bathhouse/images/dithers/Gustav_Retzius_0AFinland_Stockholm_1881_dithered.png&#34; alt=&#39;Imagen: Mujeres tomando un baño de vapor. Grabado en madera de Olaf Sörling.&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
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 Imagen: Mujeres tomando un baño de vapor. Grabado en madera de Olaf Sörling. 
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&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2025/11/communal-luxury-the-public-bathhouse/images/dithers/men-in-a-japanese-bathhouse_dithered.png&#34; alt=&#39;Imagen: Hombres en un baño público japonés, principios del siglo XX. Imagen de dominio público.&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
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 Imagen: Hombres en un baño público japonés, principios del siglo XX. Imagen de dominio público. 
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&lt;/div&gt;
&lt;h2 id=&#34;bañarse-por-placer&#34;&gt;Bañarse por placer&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Hoy en día, quienes promueven la sostenibilidad e incentivan duchas más cortas o menos frecuentes consideran implícitamente el baño como una práctica estrictamente utilitaria. Sin embargo, durante la mayor parte de la historia, bañarse nunca fue solo una cuestión de higiene. Además de asearse, la gente también visitaba los baños públicos para relajarse, divertirse y socializar. En lugar de ser una experiencia rápida, el proceso de baño, sin importar su estilo, solía prolongarse por horas. &lt;sup id=&#34;fnref2:15&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:15&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;15&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref1:28&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:28&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;28&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los antiguos griegos se sentaban juntos en bañeras individuales a conversar, para lo cual la acústica del espacio era ideal. &lt;sup id=&#34;fnref:29&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:29&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;29&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; En la antigua Roma, los baños públicos eran lugares donde la gente acudía casi a diario para ser vista, socializar, relajarse, cotillear, cenar, practicar deportes y estudiar. Los bañistas accedían a tratamientos de belleza como masajes, afeitado, peluquería y depilación. Celebraban fiestas y aniversarios, y honraban a invitados extranjeros. &lt;sup id=&#34;fnref3:15&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:15&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;15&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref1:17&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:17&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;17&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref1:19&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:19&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;19&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref2:25&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:25&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;25&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:30&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:30&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;30&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;blockquote&gt;
&lt;p&gt;Más que una reunión rápida, el proceso de baño, sin importar su estilo, solía durar horas.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Los baños públicos medievales europeos continuaron estas tradiciones con menos esplendor, pero no necesariamente con menos jolgorio. En particular, los baños medievales con bañeras de madera solían ser un lugar de diversión que también ofrecía comida, bebida, música y diversos tipos de cuidado corporal. &lt;sup id=&#34;fnref2:23&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:23&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;23&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; En Japón, durante el siglo XVI, los baños públicos se convirtieron en lugares de reunión y socialización, con grandes grupos de personas comiendo, bebiendo y cantando. &lt;sup id=&#34;fnref1:27&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:27&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;27&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref2:28&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:28&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;28&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; El baño fluvial, que se mantuvo en las ciudades y zonas rurales hasta el siglo XX, era una forma de juego en la que la natación era un elemento potencial. &lt;sup id=&#34;fnref:31&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:31&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;31&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Al mismo tiempo, el baño se consideraba esencial para prevenir y curar enfermedades, siguiendo las ideas hipocráticas de que las personas podían mantener o restablecer el equilibrio de los fluidos corporales exponiendo el cuerpo a condiciones de frío, calor, humedad o sequedad. La disposición de los baños preindustriales reflejaba estas ideas, con piscinas y espacios con diferentes temperaturas. &lt;sup id=&#34;fnref4:15&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:15&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;15&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref1:21&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:21&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;21&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
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&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2025/11/communal-luxury-the-public-bathhouse/images/dithers/Miniatur_aus_Johannes_de_Sacroboscos_De_Sphaera_um_0A1470._dithered.png&#34; alt=&#39;Imagen: Dibujo en miniatura de &amp;amp;ldquo;De Sphaera Mundi&amp;amp;rdquo;, escrito por Johannes de Sacrobosco, circa 1230.&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
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 Imagen: Dibujo en miniatura de &#34;De Sphaera Mundi&#34;, escrito por Johannes de Sacrobosco, circa 1230. 
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&lt;/div&gt;
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&lt;figure data-imgstate=&#34;dither&#34;&gt;
&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2025/11/communal-luxury-the-public-bathhouse/images/dithers/fortepan_205233_dithered.png&#34; alt=&#39;Jugando al ajedrez en los Baños Széchenyi de Budapest, Hungría, década de 1970. Foto de Kereki Sándor. Encontrada en Fortepan.&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
&lt;figcaption class=&#34;caption&#34;&gt;
 Jugando al ajedrez en los Baños Széchenyi de Budapest, Hungría, década de 1970. Foto de Kereki Sándor. Encontrada en [Fortepan](https://fortepan.hu/hu/). 
&lt;/figcaption&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;h2 id=&#34;lujo-comunitario&#34;&gt;Lujo Comunitario&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Si bien estos elementos de placer, interacción social y salud se conservan hoy en día en los spa modernos, existe una diferencia crucial con las prácticas de baño anteriores. El balneario actual es demasiado caro para sustituir un baño privado. En contraste, los baños públicos antiguos eran una institución equitativa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los baños públicos romanos no tenían tarifa de entrada o la tenían a bajo costo, y estaban abiertos a todos. No había áreas reservadas para clientes de alto rango. Esto, combinado con la espléndida arquitectura y la opulenta decoración de los baños, garantizaba que incluso el sirviente más humilde pudiera disfrutar del lujo. &lt;sup id=&#34;fnref5:15&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:15&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;15&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref2:17&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:17&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;17&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref2:19&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:19&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;19&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Estas costumbres continuaron hasta la Edad Media europea y fueron compartidas por las culturas asociadas al baño de todo el mundo. &lt;sup id=&#34;fnref3:23&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:23&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;23&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Por ejemplo, en Japón, los baños contribuyeron a &amp;ldquo;deconstruir lentamente la jerarquía social existente y crearon un nuevo flujo cultural entre la élite y el pueblo llano&amp;rdquo;. &lt;sup id=&#34;fnref3:28&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:28&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;28&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:32&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:32&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;32&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La única separación se daba entre hombres y mujeres, y distaba mucho de ser universal en el espacio y el tiempo. Hombres y mujeres iban a diferentes baños, ocupaban diferentes secciones o compartían los mismos espacios en diferentes momentos del día o de la semana. &lt;sup id=&#34;fnref2:12&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:12&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;12&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref6:15&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:15&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;15&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref3:17&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:17&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;17&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref3:19&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:19&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;19&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref4:23&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:23&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;23&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;div class=&#34;article-img &#34;&gt;
&lt;figure data-imgstate=&#34;dither&#34;&gt;
&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2025/11/communal-luxury-the-public-bathhouse/images/dithers/hinode-yu-stuart-gibson_dithered.png&#34; alt=&#39;Imagen: Un “sento” en Japón. Foto de Stuart Gibson.&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
&lt;figcaption class=&#34;caption&#34;&gt;
 Imagen: Un “sento” en Japón. Foto de [Stuart Gibson](https://stuartgibson.aminus3.com/portfolio/). 
&lt;/figcaption&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;h2 id=&#34;el-consumo-de-combustible-en-las-termas-romanas&#34;&gt;El consumo de combustible en las termas romanas&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;¿Cuán sostenible era ese lujo comunitario? La mayoría de las investigaciones sobre el consumo energético de las termas se centran en los antiguos baños romanos. Los historiadores han criticado en ocasiones el despilfarro de las grandes termas del Imperio, argumentando que su uso generalizado causaba deforestación. &lt;sup id=&#34;fnref:33&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:33&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;33&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:34&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:34&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;34&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:35&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:35&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;35&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Sin embargo, en los últimos años, la investigación arqueológica, el análisis térmico y los estudios de transferencia de calor, han dejado cada vez más claro que las termas de la Antigua Roma, a pesar de su opulencia, eran edificios con una eficiencia energética notable. &lt;sup id=&#34;fnref:36&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:36&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;36&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref1:33&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:33&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;33&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La primera razón fue el &lt;a href=&#34;https://qelnixcor.cloud/2017/03/heat-storage-hypocausts-air-heating-in-the-middle-ages/&#34;&gt;sistema hipocausto&lt;/a&gt;. Este consistía en uno o más hornos subterráneos que distribuían aire caliente bajo el suelo y hacia las paredes huecas (algunos baños también contaban con techos con calefacción). Gracias a las grandes superficies radiantes, los espacios del edificio podían calentarse a menor temperatura, ahorrando energía. Aunque el agua de las piscinas se recalentaba periódicamente en una caldera aislada cerca del horno, el calor del suelo y las paredes ayudaba a mantenerla caliente durante un período prolongado. &lt;sup id=&#34;fnref1:36&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:36&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;36&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref2:33&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:33&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;33&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Un estudio de las Termas Estabianas, una de las termas más antiguas que se conservan, muestra un consumo de combustible de entre 5 y 8 kg de leña por hora, dependiendo de la estación. &lt;sup id=&#34;fnref2:36&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:36&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;36&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:37&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:37&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;37&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Esto corresponde a un suministro de madera de algo más de 60 fresnos al año, lo que era improbable que causara deforestación. &lt;sup id=&#34;fnref3:36&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:36&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;36&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; El consumo de leña era probablemente incluso menor, ya que las termas romanas complementaban rutinariamente la madera con otros combustibles disponibles localmente, a menudo productos de desecho: juncos, subproductos de la cosecha (huesos de aceituna, restos de poda de huertos, paja) y desechos animales (estiércol y huesos). &lt;sup id=&#34;fnref3:33&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:33&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;33&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;blockquote&gt;
&lt;p&gt;Muchas termas romanas se calentaban casi exclusivamente con energía solar en los días soleados.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Siguiendo la misma metodología, un estudio de un complejo termal posterior, las Termas del Foro en Ostia, muestra que los romanos continuaron mejorando la eficiencia energética de sus baños. &lt;sup id=&#34;fnref:38&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:38&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;38&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:39&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:39&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;39&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Las Termas del Foro eran tres veces más grandes que las Termas Estabianas (923 m² frente a 310 m² de espacios climatizados), pero su consumo anual de leña calculado no llega ni al doble: aproximadamente 100 árboles al año. &lt;sup id=&#34;fnref1:38&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:38&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;38&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref4:36&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:36&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;36&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Los baños más recientes tenían paredes más gruesas (dos metros en lugar de uno), así como ventanas mucho más grandes con vidrios, lo que aumentaba la radiación solar. &lt;sup id=&#34;fnref:40&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:40&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;40&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Investigaciones han demostrado que las Termas del Foro se calentaban casi exclusivamente con energía solar en los días soleados. &lt;sup id=&#34;fnref:41&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:41&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;41&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los estudios mencionados asumen que los romanos calentaban sus baños durante las 24 horas del día y solo los desactivaban para hacerles mantenimiento. Es probable que las termas romanas siguieran calentándose durante la noche, por ser más práctico y eficiente energéticamente. Muchos baños abrían a diario, y podía llevar un día entero calentarlos si se enfriaban totalmente. En siglos posteriores, los hornos y hammams medievales solían utilizar el calor o las cenizas del horno para hornear pan y otros alimentos por la noche. &lt;sup id=&#34;fnref:42&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:42&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;42&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Sin embargo, los baños turcos y los baños medievales eran menos eficientes energéticamente que las termas romanas. Los baños turcos tenían suelos climatizados, pero no las paredes, además de presentar pocas ventanas, mientras que los baños medievales a menudo carecían de estas características.&lt;/p&gt;
&lt;div class=&#34;article-img &#34;&gt;
&lt;figure data-imgstate=&#34;dither&#34;&gt;
&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2025/11/communal-luxury-the-public-bathhouse/images/dithers/windows-forum-baths_dithered.png&#34; alt=&#39;Imagen: Los grandes ventanales de las Termas del Foro. Imagen: Jan Theo Bakker.&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
&lt;figcaption class=&#34;caption&#34;&gt;
 Imagen: Los grandes ventanales de las Termas del Foro. Imagen: [Jan Theo Bakker](https://www.ostia-antica.org/regio1/12/12-6.htm). 
&lt;/figcaption&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class=&#34;article-img &#34;&gt;
&lt;figure data-imgstate=&#34;dither&#34;&gt;
&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2025/11/communal-luxury-the-public-bathhouse/images/dithers/hypocaust-dion_dithered.png&#34; alt=&#39;Imagen: El hipocausto del complejo de las Grandes Termas, el antiguo Dión. Imagen de Carole Raddato (CC BY-SA 2.0).&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
&lt;figcaption class=&#34;caption&#34;&gt;
 Imagen: El hipocausto del complejo de las Grandes Termas, el antiguo Dión. Imagen de Carole Raddato (CC BY-SA 2.0). 
&lt;/figcaption&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class=&#34;article-img &#34;&gt;
&lt;figure data-imgstate=&#34;dither&#34;&gt;
&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2025/11/communal-luxury-the-public-bathhouse/images/dithers/Cyark_Weissenburg_Reconstruction_dithered.png&#34; alt=&#39;Imagen: Reconstrucción histórica de las Termas Romanas en Weißenburg, Alemania, utilizando datos de tecnología de escaneo láser. Crédito: CyArk. CC BY-SA 3.0&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
&lt;figcaption class=&#34;caption&#34;&gt;
 Imagen: Reconstrucción histórica de las Termas Romanas en Weißenburg, Alemania, utilizando datos de tecnología de escaneo láser. Crédito: [CyArk](https://en.m.wikipedia.org/wiki/File:Cyark_Weissenburg_Reconstruction.jpg#filelinks). CC BY-SA 3.0 
&lt;/figcaption&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;h2 id=&#34;baños-romanos-vs-duchas-privadas&#34;&gt;Baños Romanos vs. Duchas Privadas&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;¿Cómo se compara el consumo energético de los baños romanos con el de las duchas modernas? La investigación académica no ofrece una respuesta clara, pero un cálculo rápido muestra que la experiencia de los baños romanos, que duraba horas, era más eficiente energéticamente que las duchas individuales actuales que duran, en promedio, 9 minutos. El consumo energético diario de las Termas del Foro corresponde al consumo diario de 557 duchas. &lt;sup id=&#34;fnref:43&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:43&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;43&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Aunque desconocemos cuántas personas visitaban diariamente las Termas del Foro, probablemente superaban esa cifra, ya que podían albergar hasta 500 bañistas simultáneamente. &lt;sup id=&#34;fnref:44&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:44&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;44&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;blockquote&gt;
&lt;p&gt;La experiencia de los baños romanos, que duraba horas, era más eficiente energéticamente que las duchas individuales actuales, cuya duración media es de 9 minutos.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Además, en el cálculo anterior, el consumo energético de la ducha solo se refiere al calentamiento del agua, mientras que el consumo de combustible de los baños públicos también, y principalmente, incluía la calefacción de los espacios. &lt;sup id=&#34;fnref5:36&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:36&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;36&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Por ejemplo, suponiendo que el agua de las piscinas de las Termas Estabianas se cambiara solo una vez al día, el calentamiento del agua representaba menos del 10 % del consumo total de energía, lo que corresponde al consumo de tan solo 52 duchas. El bajo consumo de energía para el calentamiento del agua se explica en parte por el excelente aislamiento térmico de los suelos y paredes climatizados, lo que significa que la calefacción de los espacios y el agua es inseparable.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sin embargo, esto también se debe a que los romanos compartían el agua de las piscinas, mientras que cada ducha requiere agua recién calentada. Si comparadas, las termas romanas también superan a la típica sauna de patio actual, cuyo consumo de combustible oscila entre 5 y 15 kg de leña por sesión. &lt;sup id=&#34;fnref:45&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:45&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;45&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Solo dieciséis sesiones de sauna de este tipo requieren tanto combustible cuanto el usado diariamente en los baños de Estabia. La sauna no tiene suelo ni paredes con calefacción, además, históricamente, solían construirse parcialmente bajo tierra para ahorrar combustible, por el contrario, hoy en día suelen ser una construcción mal aislada en un clima frío.&lt;/p&gt;
&lt;div class=&#34;article-img &#34;&gt;
&lt;figure data-imgstate=&#34;dither&#34;&gt;
&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2025/11/communal-luxury-the-public-bathhouse/images/dithers/bathing-sandals-women_dithered.png&#34; alt=&#39;Imagen: Sandalias de baño para mujer, Arabia Saudita. Los suelos con calefacción de los hammams eran demasiado calientes para caminar descalzos. Fuente: Wereldmuseum (CC BY-SA 4.0).&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
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 Imagen: Sandalias de baño para mujer, Arabia Saudita. Los suelos con calefacción de los hammams eran demasiado calientes para caminar descalzos. Fuente: [Wereldmuseum](https://collectie.wereldmuseum.nl/) (CC BY-SA 4.0). 
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&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;h2 id=&#34;los-baños-públicos-de-la-revolución-industrial&#34;&gt;Los Baños Públicos de la Revolución Industrial&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Las prácticas de baño han cambiado mucho desde la época romana y la Baja Edad Media, especialmente en la mayor parte del mundo occidental. Pocos de nosotros tendríamos el tiempo, o incluso la necesidad, de permanecer en un baño público durante varias horas al día, y algunos podemos sentirnos incómodos bañándonos en público. &lt;sup id=&#34;fnref1:30&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:30&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;30&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Sin embargo, el baño también puede adoptar una forma más acorde con los hábitos de baño modernos, y los baños públicos de la Revolución Industrial así lo demuestran.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En los siglos XIX y principios del XX, las ciudades recibieron a un gran número de inmigrantes que venían a trabajar en las fábricas. La mayoría de estas personas vivían hacinadas en edificios de viviendas sin agua corriente, lo que generaba condiciones insalubres. &lt;sup id=&#34;fnref:46&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:46&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;46&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Las epidemias recurrentes y los nuevos conocimientos médicos dieron lugar a una especie &amp;ldquo;evangelio de la limpieza&amp;rdquo; que impulsó una nueva ola de baños públicos en todo el mundo occidental. Muchos de estos baños desaparecieron entre las décadas de 1950 y 1980.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El movimiento de higiene pública comenzó en Inglaterra y alcanzó su apogeo en la década de 1840. Para 1896, más de 200 municipios británicos mantenían baños públicos. Los baños ingleses emulaban el esplendor de los romanos en su arquitectura y decoración: eran &amp;ldquo;grandes, elegantes y costosos&amp;rdquo;. &lt;sup id=&#34;fnref1:46&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:46&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;46&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Sin embargo, no copiaban las antiguas costumbres de baño. Reservaban diferentes secciones para las distintas clases sociales. Además, si bien las piscinas seguían facilitando la interacción social, las bañeras se ubicaban en compartimentos individuales. Finalmente, los baños modernos instituyeron límites de tiempo para el uso de la piscina y de las bañeras. &lt;sup id=&#34;fnref2:46&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:46&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;46&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:47&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:47&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;47&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:48&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:48&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;48&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;div class=&#34;article-img &#34;&gt;
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&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2025/11/communal-luxury-the-public-bathhouse/images/dithers/Nechells_Swimming_Baths_dithered.png&#34; alt=&#39;Imagen: Baños públicos de Nechelles en Birmingham, Inglaterra, 1910. Imagen de Oosoom (CC BY-SA 3.0).&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
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 Imagen: Baños públicos de Nechelles en Birmingham, Inglaterra, 1910. Imagen de Oosoom (CC BY-SA 3.0). 
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&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2025/11/communal-luxury-the-public-bathhouse/images/dithers/Das_Amalienbad_in_Wien-Favoriten__vom_Sprungturm_aus_gesehen_dithered.png&#34; alt=&#39;Imagen: Interior restaurado del Amalienbad en Viena, Austria, construido en 1926. Era uno de los baños públicos más grandes de Europa en su época, con una capacidad para 1.300 bañistas simultáneamente. El techo original podía abrirse en condiciones de buen tiempo. Imagen de Schwimmschule Steiner (CC BY-SA 4.0).&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
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 Imagen: Interior restaurado del Amalienbad en Viena, Austria, construido en 1926. Era uno de los baños públicos más grandes de Europa en su época, con una capacidad para 1.300 bañistas simultáneamente. El techo original podía abrirse en condiciones de buen tiempo. Imagen de Schwimmschule Steiner (CC BY-SA 4.0). 
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&lt;h2 id=&#34;el-baño-con-ducha&#34;&gt;El Baño con Ducha&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Alemania, la primera en el continente a seguir los pasos de los británicos, también construyó baños públicos monumentales. &lt;sup id=&#34;fnref:49&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:49&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;49&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Sin embargo, en la década de 1880, el médico berlinés Oscar Lasser argumentó que construir grandes baños en la cantidad necesaria era demasiado costoso. Propuso la introducción de baños públicos más pequeños, con solo duchas en compartimentos individuales. Hasta entonces, la ducha solo se conectaba a una bañera o se usaba en cuarteles y prisiones, donde soldados y reclusos se duchaban con agua fría. &lt;sup id=&#34;fnref1:48&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:48&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;48&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref3:46&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:46&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;46&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref3:25&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:25&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;25&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El baño con ducha se convirtió en el tipo de baño público dominante en la mayor parte de Europa Occidental y también en Norteamérica, donde el movimiento de reforma sanitaria despegó en la década de 1890. &lt;sup id=&#34;fnref:50&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:50&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;50&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:51&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:51&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;51&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Este eliminó los últimos vestigios de la antigua cultura del baño, al eliminar las piscinas y adoptar una arquitectura más práctica. Para bien o para mal, el baño público de la Revolución Industrial era la antítesis del baño preindustrial. &lt;sup id=&#34;fnref1:47&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:47&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;47&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Aunque los bañistas aún utilizaban la infraestructura comunitaria, ya no había espacio para el placer, la interacción social, la desnudez pública y la socialización.&lt;/p&gt;
&lt;blockquote&gt;
&lt;p&gt;Para bien o para mal, el baño público de la Revolución Industrial era la antítesis del baño preindustrial.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;A medida que las clases sociales más altas fueron accediendo gradualmente al suministro de agua y baños privados, el baño público se asoció cada vez más con la pobreza. Aunque las duchas no contaban con secciones separadas para las diferentes clases sociales, se construían principalmente en barrios de bajos recursos, dirigidas exclusivamente a los más necesitados. Un asistente acompañaba a los bañistas a su cabina de ducha, abría el grifo, decidía la temperatura del agua y ponía en marcha un temporizador. Los bañistas tenían un máximo de 20 minutos para desvestirse, ducharse y volver a vestirse. &lt;sup id=&#34;fnref4:46&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:46&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;46&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref2:47&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:47&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;47&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; «Los pobres debían estar limpios, pero no disfrutarlo demasiado». &lt;sup id=&#34;fnref5:46&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:46&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;46&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
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&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2025/11/communal-luxury-the-public-bathhouse/images/dithers/bath-attendant_dithered.png&#34; alt=&#39;Imagen: El último asistente de baño de una casa de baños en Haarlem, Países Bajos, en 1984. Imagen de dominio público.&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
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 Imagen: El último asistente de baño de una casa de baños en Haarlem, Países Bajos, en 1984. Imagen de dominio público. 
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&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2025/11/communal-luxury-the-public-bathhouse/images/dithers/bath-showers-timer-montage_dithered.png&#34; alt=&#39;Baños y duchas equipados con temporizadores en baños públicos de Ámsterdam, 1985. fuente: Stadsarchief Ámsterdam.&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
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 Baños y duchas equipados con temporizadores en baños públicos de Ámsterdam, 1985. fuente: [Stadsarchief Ámsterdam](https://archief.amsterdam/beeldbank/detail/ca27031b-8e92-023a-eb42-461dc0cf6fd2/media/728f468c-3dca-91e3-0eb9-6dca39ea8130?mode=detail&amp;view=horizontal&amp;q=badhuis&amp;rows=1&amp;page=24). 
&lt;/figcaption&gt;
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&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2025/11/communal-luxury-the-public-bathhouse/images/dithers/minimal-shower-cublicles-in-amsterdam-bathhouse_dithered.png&#34; alt=&#39;Imagen: Cabinas de ducha en un baño municipal en Ámsterdam, Países Bajos. Stadsarchief Ámsterdam.&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
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 Imagen: Cabinas de ducha en un baño municipal en Ámsterdam, Países Bajos. Stadsarchief Ámsterdam. 
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&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2025/11/communal-luxury-the-public-bathhouse/images/dithers/boiler-room-bathhouse_dithered.png&#34; alt=&#39;Imagen: Sala de calderas de unos baños municipales en Ámsterdam, Países Bajos, 1985. Stadsarchief Amsterdam.&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
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 Imagen: Sala de calderas de unos baños municipales en Ámsterdam, Países Bajos, 1985. Stadsarchief Amsterdam. 
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&lt;/div&gt;
&lt;h2 id=&#34;recuperar-los-baños-públicos&#34;&gt;¿Recuperar los baños públicos?&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;En Europa y Norteamérica, los baños públicos desaparecieron cuando todos tuvieron su propio baño privado, aunque todavía nos bañamos juntos en polideportivos y seguimos usando baños comunes en albergues o campings. Los baños públicos sobreviven en otros lugares, pero están en declive en casi todas partes. Por ejemplo, El Cairo solo contaba con ocho hammams en el año 2000, en comparación con más de setenta a principios del siglo XIX. &lt;sup id=&#34;fnref:52&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:52&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;52&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:53&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:53&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;53&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; En 1968 el área metropolitana de Tokio contaba con 2.687 baños públicos, en 2022 solo quedaban 462. &lt;sup id=&#34;fnref:54&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:54&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;54&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:55&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:55&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;55&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Históricamente, los baños públicos surgieron de la necesidad de eficiencia: el baño consumía demasiados recursos como para organizarse individualmente. Esto ya no es así gracias al avance de las infraestructuras centrales: combustibles fósiles, electricidad, suministro de agua y alcantarillado. Sin embargo, en el contexto de la actual crisis ambiental, la eficiencia de los baños públicos ha cobrado relevancia nuevamente. Se trata de una solución que podría reducir el consumo de energía con relativa rapidez sin necesidad de nuevas tecnologías ni sacrificar la comodidad. La resiliencia es otro argumento a favor de los baños públicos. &lt;sup id=&#34;fnref:56&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:56&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;56&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
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&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2025/11/communal-luxury-the-public-bathhouse/images/dithers/bathhouse-javaplein-2_dithered.png&#34; alt=&#39;Imagen: Baños municipales en Javaplein, Ámsterdam, Países Bajos. Imagen: Stadsarchief Amsterdam.&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
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 Imagen: Baños municipales en Javaplein, Ámsterdam, Países Bajos. Imagen: Stadsarchief Amsterdam. 
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&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2025/11/communal-luxury-the-public-bathhouse/images/dithers/Volksbad_Flensburg2007_dithered.png&#34; alt=&#39;Imagen: Antiguos baños públicos en Flensburg, Alemania. Imagen: VollwertBIT (CC BY-SA 2.5).&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
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 Imagen: Antiguos baños públicos en Flensburg, Alemania. Imagen: VollwertBIT (CC BY-SA 2.5). 
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&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;h2 id=&#34;qué-tipo-de-baños-públicos-queremos&#34;&gt;¿Qué tipo de baños públicos queremos?&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;La metamorfosis de los baños públicos en los siglos XIX y XX, que también afectó a los baños públicos fuera del mundo occidental, representa un desafío para cualquiera que desee revitalizarlos buscando la sostenibilidad. ¿Qué tipo de baños queremos? Por supuesto, tanto los baños romanos como las duchas son extremos, y se pueden imaginar muchas formas intermedias. Sin embargo, cualquier diseñador de un futuro baño tendrá que tomar decisiones que probablemente serán controversiales.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por ejemplo, se podría argumentar que las duchas no solo se adaptan a las prácticas de baño modernas, sino que también maximizan la eficiencia de los recursos. Esto es especialmente cierto cuando es el gobierno, y no el bañista, quien controla la duración de la ducha y la temperatura del agua. De esta manera, los baños públicos podrían convertirse en una tecnología para imponer la frugalidad a toda la población. Sin embargo, dicho sea de paso, es poco probable que este enfoque genere entusiasmo por la revitalización de los baños públicos. Tampoco contribuye mucho a mejorar la interacción social. &lt;sup id=&#34;fnref:57&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:57&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;57&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;blockquote&gt;
&lt;p&gt;Cualquier diseñador de un futuro baño público tendrá que tomar decisiones que probablemente sean controversiales.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Abogar por el regreso de los baños públicos preindustriales, que se centran en la interacción social y el lujo comunitario, puede tener más éxito a la hora de alejar a la gente de sus baños privados, pero también se topa con obstáculos. Los baños públicos han enfrentado resistencia durante 2000 años, principalmente debido a opiniones contradictorias sobre la salud y la moral. &lt;sup id=&#34;fnref:58&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:58&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;58&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Por ejemplo, la preocupación por el libertinaje y la prostitución, tanto reales como imaginarias, ha estado presente a lo largo de la historia de los baños públicos en todas las culturas. &lt;sup id=&#34;fnref:59&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:59&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;59&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Separar a hombres y mujeres no responde plenamente a esas preocupaciones.&lt;/p&gt;
&lt;div class=&#34;article-img  vertical&#34;&gt;
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&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2025/11/communal-luxury-the-public-bathhouse/images/dithers/scene-of-a-bathhouse-valerius-maximus_dithered.png&#34; alt=&#39;Imagen: Escena de un baño público, c. 1470, pintado por el Maestro de Antonio de Borgoña (Berlin Staatsbibliothek, Ms. Dep. Breslau 2, vol. 2, fol. 244).&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
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 Imagen: Escena de un baño público, c. 1470, pintado por el Maestro de Antonio de Borgoña (Berlin Staatsbibliothek, Ms. Dep. Breslau 2, vol. 2, fol. 244). 
&lt;/figcaption&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Cualquier petición para revivir los baños públicos también deberá lidiar con el miedo a las enfermedades contagiosas. Por ejemplo, un confinamiento social, como el que aplicaron muchos gobiernos durante la pandemia de coronavirus en 2020 y 2021, es incompatible con los baños públicos, dichas medidas solo funcionan si todos tienen un baño privado. &lt;sup id=&#34;fnref:60&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:60&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;60&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; La relación entre los baños comunitarios y la salud es compleja. La ciencia ha confirmado muchos de los beneficios para la salud de los baños fríos, calientes y de vapor, y también ha demostrado la importancia de la interacción social. Sin embargo, la convivencia siempre conlleva riesgos para la salud.&lt;/p&gt;
&lt;h2 id=&#34;cómo-construir-un-baño-público-de-baja-tecnología&#34;&gt;¿Cómo construir un baño público de baja tecnología?&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Existe otra distinción entre los baños construidos antes y después de la Revolución Industrial: los baños preindustriales funcionaban con combustibles renovables, mientras que los industriales funcionaban con combustibles fósiles. Muchos baños modernos contaban con una central eléctrica de carbón, que calentaba el espacio y el agua, además de proporcionar electricidad para la iluminación. Los baños que funcionan con combustibles fósiles son más eficientes energéticamente que los baños privados alimentados con combustibles fósiles, pero podemos mejorarlos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Un gran baño público calentado por un sistema de hipocausto y grandes ventanales sigue siendo difícil de superar como tecnología neutra en carbono, por lo menos aquellos alimentados a partir de madera producida de forma sostenible. &lt;sup id=&#34;fnref:61&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:61&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;61&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:62&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:62&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;62&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Sin embargo, la combustión de biomasa genera contaminación atmosférica, aunque también podríamos alimentar un baño público con fuentes de energía renovables que no presentan ese problema. La solución más evidente para calentar espacios y agua son los colectores solares de placa plana, en los que el sol calienta el agua. Los &lt;a href=&#34;https://qelnixcor.cloud/2019/02/heat-your-house-with-a-mechanical-windmill/&#34;&gt;molinos de viento generadores de calor&lt;/a&gt; son una alternativa de baja tecnología a los colectores solares térmicos en climas menos soleados. &lt;sup id=&#34;fnref:63&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:63&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;63&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Otras posibles fuentes de calor son la energía geotérmica y el calor residual de las fábricas.&lt;/p&gt;
&lt;blockquote&gt;
&lt;p&gt;Los baños públicos alimentados con combustibles fósiles son más eficientes energéticamente que los baños privados alimentados con combustibles fósiles, pero podemos mejorarlos.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;La mayor desventaja de un baño público alimentado con energía solar o eólica es su dependencia de condiciones climáticas favorables. Para compensar esto, la energía solar o eólica puede combinarse con almacenamiento de energía térmica, como tanques de agua aislados. Almacenar calor en una masa térmica durante períodos más largos es mucho más económico y sostenible que almacenar electricidad en baterías químicas. Sin embargo, requiere un espacio que solo los baños públicos pueden ofrecer. Los baños de vapor y las saunas son más difíciles de desvincular de la combustión de biomasa, pero existen algunos ejemplos innovadores. &lt;sup id=&#34;fnref:64&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:64&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;64&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Agrupar las instalaciones de baño en una infraestructura compartida también crea un espacio suficiente para que el baño público cuente con un amplio aislamiento térmico (un factor decisivo en el consumo de energía) y asegura el suministro de agua (por ejemplo, mediante la captación y almacenamiento de agua de lluvia), así como el tratamiento de aguas residuales (por ejemplo, mediante fitorremediación con plantas).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los arquitectos han aplicado algunas de estas ideas en países donde aún se utilizan baños públicos. Por ejemplo, en una aldea montañosa de China, un baño público comunitario para 5.000 personas está prácticamente desconectado de la red eléctrica. Bombea el agua de un pozo, la calienta con colectores solares y filtra las aguas residuales de las duchas y los inodoros en estanques con plantas de bambú. &lt;sup id=&#34;fnref:65&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:65&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;65&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;div class=&#34;article-img &#34;&gt;
&lt;figure data-imgstate=&#34;dither&#34;&gt;
&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2025/11/communal-luxury-the-public-bathhouse/images/dithers/BaO-split-bathhouse-6.1552287376.331_dithered.png&#34; alt=&#39;Imagen: Este baño público en China cuenta con 24 duchas y da servicio a una comunidad de 5.000 habitantes. Recicla las aguas residuales con plantas de bambú. Fuente: BAO Architects.&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
&lt;figcaption class=&#34;caption&#34;&gt;
 Imagen: Este baño público en China cuenta con 24 duchas y da servicio a una comunidad de 5.000 habitantes. Recicla las aguas residuales con plantas de bambú. Fuente: BAO Architects. 
&lt;/figcaption&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Sin embargo, un baño público también se ajusta a la visión más tecnológica de una infraestructura energética centralizada, basada en paneles solares fotovoltaicos y turbinas eólicas que proporcionan electricidad. En esta configuración, los baños públicos podrían absorber el exceso de electricidad durante los días de sol o viento abundantes. En lugar de &lt;a href=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2017/09/how-not-to-run-a-modern-society-on-solar-and-wind-power-alone/&#34;&gt;reducir la electricidad procedente del excedente de energía solar y eólica&lt;/a&gt;, podríamos utilizarla para alimentar bombas de calor eléctricas y almacenar el calor en la masa térmica de los baños públicos. &lt;sup id=&#34;fnref:66&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:66&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;66&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Si bien este enfoque es menos eficiente en términos de recursos que los baños públicos sin conexión a la red eléctrica, sigue siendo mejor que un escenario en el que una red eléctrica renovable centralizada suministre energía a muchos baños privados.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Kris De Decker&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Muchas gracias a Jonas Görgen y Elizabeth Shove por sus comentarios de una versión anterior de este artículo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Marie Verdeil y Roel Roscam Abbing contribuyeron a la selección de imágenes.&lt;/p&gt;
&lt;div class=&#34;footnotes&#34; role=&#34;doc-endnotes&#34;&gt;
&lt;hr&gt;
&lt;ol&gt;
&lt;li id=&#34;fn:1&#34;&gt;
&lt;p&gt;La expansión de las redes de suministro de agua y alcantarillado llevó mucho tiempo, especialmente en las ciudades europeas más antiguas. Antes de 1900, solo los apartamentos más caros de París tenían baño. &lt;sup id=&#34;fnref1:26&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:26&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;26&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Los baños privados con plomería aparecieron en los hogares británicos más ricos en la década de 1860. Sin embargo, no fue hasta la década de 1950 que los hogares de la clase trabajadora contaron con suministro rutinario de agua corriente fría y caliente. &lt;sup id=&#34;fnref2:3&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:3&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;3&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; En las ciudades más nuevas de los EE. UU., instalar una infraestructura de suministro de agua y alcantarillado fue más fácil. A partir de la década de 1870, la plomería estadounidense superó a la de todos los demás países. Más de la mitad de las casas estadounidenses contaban con baño completo en 1940. A modo de comparación, en toda Francia, solo una casa o apartamento de cada diez contaba con ducha o bañera en 1954. &lt;sup id=&#34;fnref1:20&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:20&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;20&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:1&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:2&#34;&gt;
&lt;p&gt;Mist Showers: Sustainable Decadence?, Kris De Decker, Low-tech Magazine, 2019. &lt;a href=&#34;https://qelnixcor.cloud/2019/10/mist-showers-sustainable-decadence/&#34;&gt;https://qelnixcor.cloud/2019/10/mist-showers-sustainable-decadence/&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:2&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:2&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref2:2&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref3:2&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:3&#34;&gt;
&lt;p&gt;Pickerill, Jenny. &amp;ldquo;Cold comfort? Reconceiving the practices of bathing in British self-build eco-homes.&amp;rdquo; Annals of the Association of American Geographers 105.5 (2015): 1061-1077. &lt;a href=&#34;https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/00045608.2015.1060880&#34;&gt;https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/00045608.2015.1060880&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:3&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:3&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref2:3&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:4&#34;&gt;
&lt;p&gt;La tendencia apunta a duchas más numerosas y más largas &lt;sup id=&#34;fnref2:2&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:2&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;2&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; y baños privados más grandes y lujosos. Por ejemplo, más de un tercio de las viviendas unifamiliares nuevas en EE. UU. contaban con tres o más baños en 2021, en comparación con &amp;ldquo;solo&amp;rdquo; una cuarta parte en 2005. Fuente: Number of Bathrooms in New Homes in 2021, Jesse Wade, National Association Of Home Builders, November 2022. &lt;a href=&#34;https://eyeonhousing.org/2022/11/number-of-bathrooms-in-new-homes-in-2021/&#34;&gt;https://eyeonhousing.org/2022/11/number-of-bathrooms-in-new-homes-in-2021/&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:4&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:5&#34;&gt;
&lt;p&gt;El ahorro de agua en baños públicos depende de cómo se bañen las personas. Las piscinas y bañeras compartidas permiten ahorrar agua, pero las duchas y bañeras individuales no, incluso si se ubican en un espacio común.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:5&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:6&#34;&gt;
&lt;p&gt;Erfurt, Patricia. &amp;ldquo;Hot springs throughout history. The Geoheritage of hot springs.&amp;rdquo; Cham: Springer International Publishing, 2021. 119-182.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:6&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:6&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref2:6&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:7&#34;&gt;
&lt;p&gt;Tamburello, Giancarlo, et al. &amp;ldquo;Global thermal spring distribution and relationship to endogenous and exogenous factors.&amp;rdquo; Nature Communications 13.1 (2022): 6378.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:7&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:8&#34;&gt;
&lt;p&gt;Cataldi, Raffaele, Susan F. Hodgson, and John W. Lund. Stories from a heated earth: our geothermal heritage. No. 19. Nicholson, 1999.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:8&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:8&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref2:8&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:9&#34;&gt;
&lt;p&gt;Even some animals - like snow monkeys and capybaras - are known to enjoy bathing in hot springs. See, for example: Matsuzawa, Tetsuro. &amp;ldquo;Hot-spring bathing of wild monkeys in Shiga-Heights: origin and propagation of a cultural behavior.&amp;rdquo; Primates 59.3 (2018): 209-213. &lt;a href=&#34;https://link.springer.com/content/pdf/10.1007/s10329-018-0661-z.pdf&#34;&gt;https://link.springer.com/content/pdf/10.1007/s10329-018-0661-z.pdf&lt;/a&gt;.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:9&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:10&#34;&gt;
&lt;p&gt;Sonntag, C. F. &amp;ldquo;The History of Baths and Bathing in Britain before the Norman Conquest.&amp;rdquo; Proceedings of the Royal Society of Medicine 13.sect_hist_med (1920): 25-46.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:10&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:10&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:11&#34;&gt;
&lt;p&gt;Aaland, Mikkel. &amp;ldquo;Sweat: The illustrated history and description of the Finnish sauna, Russian bania, Islamic hammam, Japanese mushi-buro, Mexican temescal and American Indian &amp;amp; Eskimo sweat lodge.&amp;rdquo; (1978).&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:11&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:12&#34;&gt;
&lt;p&gt;Pollock, Ethan. Without the banya we would perish: a history of the Russian bathhouse. Oxford University Press, USA, 2019.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:12&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:12&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref2:12&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:13&#34;&gt;
&lt;p&gt;La primera referencia escrita al baño de vapor se remonta al siglo V a. C., cuando el historiador griego Heródoto comparó el baño de sudor escita al norte del mar Negro con el baño de vapor griego de su época. Sin embargo, es muy probable que sus orígenes se remonten a la prehistoria. No es sorprendente que el baño de vapor y el baño de aire caliente se extendieran inicialmente en regiones con inviernos fríos y largos: el noroeste de Europa, Rusia, Alaska y Canadá. También fue utilizado por los nativos americanos y se extendió a América Central y del Sur. &lt;sup id=&#34;fnref1:10&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:10&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;10&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:13&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:14&#34;&gt;
&lt;p&gt;Uno de los primeros registros arqueológicos de instalaciones de baño artificiales data de alrededor del 2300 a. C. en lo que hoy es Pakistán. Los habitantes de Mohenjo-Daro, probable capital de la civilización del Indo, construyeron pozos y sistemas de drenaje que permitían baños privados en la mayoría de los edificios residenciales, así como una gran piscina comunitaria. Los baños privados contaban con una plataforma poco profunda de 1 m², donde la gente se echaba cubos de agua encima. El «Gran Baño» era una pila de ladrillo con escalones a ambos lados y una capacidad de 160 m³ de agua. Dado que la ciudad se encontraba en un clima desértico y cálido, no era necesario calentar el agua. Fuentes: Graeber, David, and David Wengrow. The dawn of everything: A new history of humanity. Penguin UK, 2021 + Jansen, Michael. &amp;ldquo;Mohenjo-Daro, Indus Valley civilization: water supply and water use in one of the largest Bronze Age cities of the third millennium BC.&amp;rdquo; Geo: A new world of knowledge (2011). &lt;a href=&#34;https://openarchive.icomos.org/id/eprint/1541/1/110601geo_06_2011_indian_edition_email.pdf&#34;&gt;https://openarchive.icomos.org/id/eprint/1541/1/110601geo_06_2011_indian_edition_email.pdf&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:14&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:15&#34;&gt;
&lt;p&gt;Maréchal, Sadi. Public baths and bathing habits in Late Antiquity: a study of the archaeological and historical evidence from Roman Italy, North Africa and Palestine between AD 285 and AD 700. Diss. Ghent University, 2016. &lt;a href=&#34;https://biblio.ugent.be/publication/7235534/file/7235545.pdf&#34;&gt;https://biblio.ugent.be/publication/7235534/file/7235545.pdf&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:15&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:15&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref2:15&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref3:15&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref4:15&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref5:15&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref6:15&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref7:15&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref8:15&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref9:15&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:16&#34;&gt;
&lt;p&gt;Fagan, Garrett G. &amp;ldquo;The genesis of the Roman public bath: recent approaches and future directions.&amp;rdquo; American Journal of Archaeology 105.3 (2001): 403-426.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:16&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:17&#34;&gt;
&lt;p&gt;Kosso, Cynthia, and Anne Scott, eds. The nature and function of water, baths, bathing, and hygiene from antiquity through the Renaissance. Vol. 11. Brill, 2009.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:17&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:17&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref2:17&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref3:17&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:18&#34;&gt;
&lt;p&gt;Tanto los griegos como los romanos también utilizaban baños fríos en combinación con instalaciones deportivas. En estos casos, el acto de lavarse era secundario. &lt;sup id=&#34;fnref7:15&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:15&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;15&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref4:19&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:19&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;19&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:18&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:19&#34;&gt;
&lt;p&gt;Hoagland, Alison K. The bathroom: a social history of cleanliness and the body. Bloomsbury Publishing USA, 2018.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:19&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:19&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref2:19&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref3:19&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref4:19&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:20&#34;&gt;
&lt;p&gt;Ashenburg, Katherine. The dirt on clean: An unsanitized history. Vintage Canada, 2010.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:20&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:20&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref2:20&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:21&#34;&gt;
&lt;p&gt;Fournier, Caroline. Les bains d&amp;rsquo;al-Andalus: VIIIe-XVe siècle. Presses universitaires de Rennes, 2018. &lt;a href=&#34;https://books.openedition.org/pur/44617#anchor-resume&#34;&gt;https://books.openedition.org/pur/44617#anchor-resume&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:21&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:21&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref2:21&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:22&#34;&gt;
&lt;p&gt;Sibley, Magda, Camilla Pezzica, and Chris Tweed. “Eco-hammam: the complexity of accelerating the ecological transition of a key social heritage sector in Morocco.” Sustainability 13.17 (2021): 9935&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:22&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:23&#34;&gt;
&lt;p&gt;Coomans, Janna. “Janna Coomans - The Medieval Bathhouse (MA Thesis - 2013).” The Medieval Bathhouse: Bathing Culture in the Late Medieval Low Countries (2013): n. pag. Print.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:23&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:23&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref2:23&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref3:23&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref4:23&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref5:23&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref6:23&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref7:23&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref8:23&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref9:23&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref10:23&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref11:23&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:24&#34;&gt;
&lt;p&gt;Wurtzel, Ellen. &amp;ldquo;Passionate Encounters, Public Healing: Medieval Urban Bathhouses in Northern France.&amp;rdquo; French Historical Studies 46.3 (2023): 331-360. &lt;a href=&#34;https://read.dukeupress.edu/french-historical-studies/article/46/3/331/381254/Passionate-Encounters-Public-HealingMedieval-Urban&#34;&gt;https://read.dukeupress.edu/french-historical-studies/article/46/3/331/381254/Passionate-Encounters-Public-HealingMedieval-Urban&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:24&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:24&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:25&#34;&gt;
&lt;p&gt;Büchner, Robert. Im städtischen Bad vor 500 Jahren: Badhaus, bader und Badegäste im alten Tirol. Böhlau, 2014.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:25&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:25&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref2:25&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref3:25&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref4:25&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:26&#34;&gt;
&lt;p&gt;El París del siglo XIII, con 200.000 habitantes, contaba con alrededor de 30 Baños públicos &lt;sup id=&#34;fnref5:23&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:23&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;23&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref1:24&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:24&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;24&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;, mientras que el Londres del siglo XIV, con una población de 80.000 habitantes, contaba con al menos 18 baños públicos. &lt;sup id=&#34;fnref2:20&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:20&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;20&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; A finales del siglo XIV, los Países Bajos, con Brujas (30.000 habitantes) y Gante (40.000 habitantes) contaban cada una con unos veinte baños públicos, mientras que ciudades más pequeñas como Maastricht y Lovaina (15.000 habitantes) contaban con unos cinco. Viena (Austria) contaba con 29 baños en el siglo XV. &lt;sup id=&#34;fnref6:23&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:23&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;23&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Los baños medievales, al igual que los hammams, eran más pequeños que los baños romanos. Los baños medievales encontrados en Alemania y los Países Bajos tenían una superficie de entre 100 y 200 metros cuadrados. &lt;sup id=&#34;fnref7:23&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:23&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;23&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; El baño urbano romano típico tenía una superficie de unos 500 m². &lt;sup id=&#34;fnref8:15&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:15&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;15&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:26&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:26&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:27&#34;&gt;
&lt;p&gt;Butler, Lee. &amp;ldquo;Washing Off the Dust&amp;rdquo;: Baths and Bathing in Late Medieval Japan.&amp;quot; Monumenta Nipponica 60.1 (2005): 1-41. &lt;a href=&#34;https://web.archive.org/web/20190818120651id_/http://muse.jhu.edu:80/article/182356/pdf&#34;&gt;https://web.archive.org/web/20190818120651id_/http://muse.jhu.edu:80/article/182356/pdf&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:27&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:27&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:28&#34;&gt;
&lt;p&gt;Merry, Adam M., &amp;ldquo;More Than a Bath: An Examination of Japanese Bathing Culture&amp;rdquo; (2013). CMC Senior Theses. Paper 665. &lt;a href=&#34;http://scholarship.claremont.edu/cmc_theses/665&#34;&gt;http://scholarship.claremont.edu/cmc_theses/665&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:28&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:28&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref2:28&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref3:28&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref4:28&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:29&#34;&gt;
&lt;p&gt;Gill, A. A. &amp;ldquo;“Chattering” in the Baths: The Urban Greek Bathing Establishment and Social Discourse in Classical Antiquity.&amp;rdquo; (2011). &lt;a href=&#34;https://tobias-lib.ub.uni-tuebingen.de/xmlui/bitstream/handle/10900/61481/CD27_Gill_CAA2008.pdf?sequence=2&amp;amp;isAllowed=y&#34;&gt;https://tobias-lib.ub.uni-tuebingen.de/xmlui/bitstream/handle/10900/61481/CD27_Gill_CAA2008.pdf?sequence=2&amp;amp;isAllowed=y&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:29&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:30&#34;&gt;
&lt;p&gt;Górnicka, Barbara. Nakedness, shame, and embarrassment: A long-term sociological perspective. Vol. 12. Springer, 2016.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:30&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:30&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:31&#34;&gt;
&lt;p&gt;A Cultural History of Parson’s Pleasure, George Townsend, PhD, Birkbeck, University of London, 2022, unpublished. Véase también: Dive in! A history of river swimming in Oxford. Museum of Oxford, expo 2023. &lt;a href=&#34;https://moxdigiexhibits.omeka.net/exhibits/show/dive-in#:~:text=Dive%20In!-,A%20history%20of%20river%20swimming%20in%20Oxford,places%20for%20bathing%20and%20swimming&#34;&gt;https://moxdigiexhibits.omeka.net/exhibits/show/dive-in#:~:text=Dive%20In!-,A%20history%20of%20river%20swimming%20in%20Oxford,places%20for%20bathing%20and%20swimming&lt;/a&gt;.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:31&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:32&#34;&gt;
&lt;p&gt;La naturaleza igualitaria de los baños públicos se veía reforzada por el hecho de que las personas estaban parcial o totalmente desnudas. «Uno se despojaba no solo de su ropa, sino también de su rango social y riqueza material, que se vuelven en gran medida invisibles», concluye un historiador de los baños públicos japoneses. &lt;sup id=&#34;fnref4:28&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:28&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;28&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; «El verdadero colectivo es un colectivo desnudo», observa otro, refiriéndose a la banya rusa. Fuente: Gearsimova, A. &amp;ldquo;My Banya, Your Banya: From Reality to Myth.&amp;rdquo; (2016).&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:32&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:33&#34;&gt;
&lt;p&gt;Mietz, Michael. &amp;ldquo;The fuel economy of public bathhouses in the Roman Empire.&amp;rdquo; Master&amp;rsquo;s thesis, Ghent University, Faculty of Arts and Philosophy, Campus Boekentoren, Blandijnberg 2 (2016): 9000. &lt;a href=&#34;https://libstore.ugent.be/fulltxt/RUG01/002/303/996/RUG01-002303996_2016_0001_AC.pdf&#34;&gt;https://libstore.ugent.be/fulltxt/RUG01/002/303/996/RUG01-002303996_2016_0001_AC.pdf&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:33&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:33&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref2:33&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref3:33&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:34&#34;&gt;
&lt;p&gt;Wilson, A (2012) Raw materials and energy, in &amp;ldquo;The cambridge companion to the roman economy, scheidel 2012.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:34&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:35&#34;&gt;
&lt;p&gt;Ancient deforestation revisited, Journal of the history of biology, 44 (1), 43-57.  &lt;a href=&#34;https://www.researchgate.net/profile/J-Donald-Hughes/publication/45407393_Ancient_Deforestation_Revisited/links/08ce17d911d2244431641d70/Ancient-Deforestation-Revisited.pdf&#34;&gt;https://www.researchgate.net/profile/J-Donald-Hughes/publication/45407393_Ancient_Deforestation_Revisited/links/08ce17d911d2244431641d70/Ancient-Deforestation-Revisited.pdf&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:35&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:36&#34;&gt;
&lt;p&gt;Miliaresis, Ismini. &amp;ldquo;Heating the Stabian Baths at Pompeii.&amp;rdquo; Curious (2021): 83.
&lt;a href=&#34;https://library.oapen.org/bitstream/handle/20.500.12657/58973/1/external_content.pdf#page=91&#34;&gt;https://library.oapen.org/bitstream/handle/20.500.12657/58973/1/external_content.pdf#page=91&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:36&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:36&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref2:36&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref3:36&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref4:36&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref5:36&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:37&#34;&gt;
&lt;p&gt;El estudio asume que las termas se calentaban las 24 horas del día y solo se cerraban para mantenimiento. El combustible utilizado inicialmente para calentar el baño (calculado en 35 kg en el caso de las Termas Estabianas) se añade solo una vez al consumo energético anual total. Los resultados también se basan en el supuesto de que el agua de las termas se cambiaba una vez al día (y, por lo tanto, debía calentarse desde un estado frío una vez al día).&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:37&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:38&#34;&gt;
&lt;p&gt;Veal, Robyn, and Victoria Leitch. Fuel and Fire in the Ancient Roman World: Towards an integrated economic understanding. McDonald Institute for Archaeological Research, 2019. &lt;a href=&#34;https://www.repository.cam.ac.uk/bitstreams/c349fc20-11d0-4ad4-a2e9-55dccca9f2df/download&#34;&gt;https://www.repository.cam.ac.uk/bitstreams/c349fc20-11d0-4ad4-a2e9-55dccca9f2df/download&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:38&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:38&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:39&#34;&gt;
&lt;p&gt;Miliaresis, Ismini Alexandra. Heating and Fuel Consumption in the Terme del Foro at Ostia. Diss. University of Virginia, 2013. &lt;a href=&#34;https://libraetd.lib.virginia.edu/public_view/5d86p0445&#34;&gt;https://libraetd.lib.virginia.edu/public_view/5d86p0445&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:39&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:40&#34;&gt;
&lt;p&gt;No está del todo claro si las (pequeñas) ventanas de las Termas Estabianas tenían vidrio o contraventanas. El estudio concluye que el consumo energético es bastante similar tanto con ventanas vidrios como sin vidrios. Sin embargo, los baños del Foro, con ventanas de varios metros de altura, habrían requerido casi 1,5 veces más leña para calentar habitaciones con ventanas sin vidrios durante el mes de mayo, y más del doble en el mes más frío.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:40&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:41&#34;&gt;
&lt;p&gt;Ring, James W. &amp;ldquo;Windows, baths, and solar energy in the Roman empire.&amp;rdquo; American Journal of Archaeology 100.4 (1996): 717-724.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:41&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:42&#34;&gt;
&lt;p&gt;Esto también podría haber sido cierto para los baños romanos, pero no ha sido posible encontrar ninguna referencia al respecto. Para baños turcos, véase, por ejemplo: Sibley, Magda, and Martin Sibley. &amp;ldquo;Hybrid transitions: combining biomass and solar energy for water heating in public bathhouses.&amp;rdquo; Energy Procedia 83 (2015): 525-532.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:42&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:42&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:43&#34;&gt;
&lt;p&gt;Un consumo de combustible de 7,5 a 12 kg/h promedia 9,75 kg/h, lo que corresponde a 234 kg de leña al día. Un kg de leña contiene aproximadamente 5 kWh de energía térmica, lo que eleva el consumo diario de combustible de los baños del Foro a 1170 kWh. Una ducha de 8,9 minutos (la media en los Países Bajos) consume 2,1 kWh de energía térmica. &lt;sup id=&#34;fnref3:2&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:2&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;2&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Conclusión: el consumo energético diario de los baños del Foro equivale al de 557 duchas. El consumo diario de combustible de los baños de Estabia, más pequeños y menos eficientes energéticamente, equivale al de 378 duchas.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:43&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:44&#34;&gt;
&lt;p&gt;Brünenberg–Jens-Arne, Monika Trümper–Clemens, et al. &amp;ldquo;Stabian Baths in Pompeii. New Research on the Development of Ancient Bathing Culture.&amp;rdquo; (2019). &lt;a href=&#34;https://www.academia.edu/download/67567783/Truemper_et_al._Stabian_Baths_RM_2019.pdf&#34;&gt;https://www.academia.edu/download/67567783/Truemper_et_al._Stabian_Baths_RM_2019.pdf&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:44&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:45&#34;&gt;
&lt;p&gt;El consumo energético de una sauna es más variable que el de una ducha, y no ha sido posible encontrar ninguna investigación académica fiable. Los datos que se utilizan son una estimación aproximada basada en cifras encontradas en foros y sitios web de internet. Cabe destacar también que el clima explica parte de la diferencia en la eficiencia energética: la sauna suele estar ubicada en un clima frío, mientras que la mayoría de los baños romanos se ubicaban en torno al Mediterráneo.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:45&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:46&#34;&gt;
&lt;p&gt;Williams, Marilyn T. Washing&amp;rdquo; the great unwashed&amp;quot;: public baths in urban America, 1840-1920. Ohio State University Press, 1991. &lt;a href=&#34;https://kb.osu.edu/bitstream/handle/1811/6282/1/Washing_the_Great_Unwashed.pdf&#34;&gt;https://kb.osu.edu/bitstream/handle/1811/6282/1/Washing_the_Great_Unwashed.pdf&lt;/a&gt;.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:46&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:46&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref2:46&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref3:46&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref4:46&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref5:46&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref6:46&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref7:46&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref8:46&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:47&#34;&gt;
&lt;p&gt;Dillon, Jennifer Reed. Modernity, sanitation and the public bath: Berlin, 1896–1933, as archetype. Duke University, 2007. &lt;a href=&#34;https://dukespace.lib.duke.edu/bitstreams/33e2fe84-16ec-4044-91d6-75d5c87d37e3/download&#34;&gt;https://dukespace.lib.duke.edu/bitstreams/33e2fe84-16ec-4044-91d6-75d5c87d37e3/download&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:47&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:47&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref2:47&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:48&#34;&gt;
&lt;p&gt;Ladd, Brian K. &amp;ldquo;Public baths and civic improvement in nineteenth-century German cities.&amp;rdquo; Journal of urban history 14.3 (1988): 372-393.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:48&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:48&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:49&#34;&gt;
&lt;p&gt;Los baños de Stuttgart, por ejemplo, contaban con dos grandes piscinas, 300 vestuarios, 102 bañeras, dos baños ruso-romanos, dos baños de agua fría, un baño de sol y un baño para perros. A finales de siglo, casi todas las ciudades alemanas habían construido al menos un baño monumental, que a menudo incluía también un restaurante y una barbería. &lt;sup id=&#34;fnref4:25&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:25&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;25&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref6:46&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:46&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;46&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:49&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:50&#34;&gt;
&lt;p&gt;La ciudad de Nueva York construyó 25 baños monumentales, y Boston incluyó piscinas y gimnasios. Sin embargo, otras ciudades estadounidenses construyeron baños con ducha exclusivamente para las clases populares. Por ejemplo, para 1920, Chicago había construido más de veinte baños con ducha en los barrios pobres y obreros. &lt;sup id=&#34;fnref7:46&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:46&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;46&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:50&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:51&#34;&gt;
&lt;p&gt;Alemania y Austria construyeron baños con ducha en barrios pobres, pero también continuaron construyendo instalaciones elaboradas y costosas para las clases sociales más altas, muchas de las cuales contaban con suministro de agua, pero aún carecían de baños. &lt;sup id=&#34;fnref8:46&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:46&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;46&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:51&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:52&#34;&gt;
&lt;p&gt;Talmisānī, Mayy, and Eve Gandossi. The last hammams of Cairo: a disappearing bathhouse culture. American Univ in Cairo Press, 2009.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:52&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:53&#34;&gt;
&lt;p&gt;Damasco pasó de tener 40 hammams en la década de 1940 a 13 en 2004. Fuente: Sibley, Magda. &amp;ldquo;The Historic hammāms of Damascus and Fez: lessons of sustainability and future developments.&amp;rdquo; The 23rd conference on passive and low energy architecture (PLEA). 2006. &lt;a href=&#34;https://www.academia.edu/download/52232181/The_Historic_Hammms_of_Damascus_and_Fez_20170321-32624-5s2lbk.pdf&#34;&gt;https://www.academia.edu/download/52232181/The_Historic_Hammms_of_Damascus_and_Fez_20170321-32624-5s2lbk.pdf&lt;/a&gt;. Marruecos es una excepción. Diversas fuentes presentan cifras dispares de baños turcos en funcionamiento, que oscilan entre 6.000 y 10.000 que aún funcionan con el sistema de calefacción tradicional. &lt;sup id=&#34;fnref1:42&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:42&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;42&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:53&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:54&#34;&gt;
&lt;p&gt;&amp;ldquo;Tokyo starts effort to revive public bathhouses&amp;rdquo;, Julian Ryall Tokyo, October 1, 2022. &lt;a href=&#34;https://www.dw.com/en/japan-launches-campaign-to-revive-fading-public-bathhouses/a-63282747#:~:text=In%20an%20effort%20to%20protect,pop%20into%20their%20local%20bathhouse&#34;&gt;https://www.dw.com/en/japan-launches-campaign-to-revive-fading-public-bathhouses/a-63282747#:~:text=In%20an%20effort%20to%20protect,pop%20into%20their%20local%20bathhouse&lt;/a&gt;.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:54&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:55&#34;&gt;
&lt;p&gt;&amp;ldquo;Public baths fade from Tokyo, with nearly half gone over 15 years&amp;rdquo;, Natsumi Nakai, October 10, 2023. &lt;a href=&#34;https://www.asahi.com/ajw/articles/15025294#:~:text=Public%20bathhouses%20are%20swiftly%20disappearing,to%20the%20Tokyo%20metropolitan%20government&#34;&gt;https://www.asahi.com/ajw/articles/15025294#:~:text=Public%20bathhouses%20are%20swiftly%20disappearing,to%20the%20Tokyo%20metropolitan%20government&lt;/a&gt;.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:55&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:56&#34;&gt;
&lt;p&gt;&amp;ldquo;Fuel Crisis Forces Syrians to Use Public Baths&amp;rdquo;, Sputnik International, 2023. &lt;a href=&#34;https://sputnikglobe.com/20230131/fuel-crisis-forces-syrians-to-use-public-baths-1106687250.html&#34;&gt;https://sputnikglobe.com/20230131/fuel-crisis-forces-syrians-to-use-public-baths-1106687250.html&lt;/a&gt; See also: &amp;ldquo;Aleppo bathhouse boom as Syria crisis turns showers cold&amp;rdquo;, Africanews, 2021. &lt;a href=&#34;https://www.africanews.com/2021/12/30/aleppo-bathhouse-boom-as-syria-crisis-turns-showers-cold/&#34;&gt;https://www.africanews.com/2021/12/30/aleppo-bathhouse-boom-as-syria-crisis-turns-showers-cold/&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:56&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:57&#34;&gt;
&lt;p&gt;&amp;ldquo;Why we need to bring back the art of communal bathing&amp;rdquo;. Jamie Mackay, Aeon Magazine, 2016. &lt;a href=&#34;https://aeon.co/ideas/why-we-need-to-bring-back-the-art-of-communal-bathing&#34;&gt;https://aeon.co/ideas/why-we-need-to-bring-back-the-art-of-communal-bathing&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:57&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:58&#34;&gt;
&lt;p&gt;Esto es especialmente cierto en Europa Occidental, donde la oposición se volvió tan fuerte que los baños finalmente desaparecieron en algunas regiones entre los siglos XVI y XIX. &lt;sup id=&#34;fnref8:23&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:23&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;23&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Las razones de la desaparición temporal de los baños en Europa Occidental —un acontecimiento único en la historia mundial— son controvertidas entre los historiadores. Algunos señalan la presión de las iglesias católica y protestante, que percibían cada vez más los baños medievales como lugares de inmoralidad y pecado. &lt;sup id=&#34;fnref1:59&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:59&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;59&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Otros atribuyen la causa a las epidemias o señalan un cambio en la perspectiva médica: los médicos ya no consideraban saludables el agua caliente y el vapor. &lt;sup id=&#34;fnref9:23&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:23&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;23&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; La oposición comenzó incluso antes del surgimiento de la religión organizada. El filósofo romano Séneca criticó los baños romanos, de mayor tamaño, y escribió varias diatribas contra ellos. Se quejó del ruido en las termas y las acusó de extravagancia y hedonismo. Véase, por ejemplo: Moral letters to Lucilius by Seneca. Letter 86. On Scipio&amp;rsquo;s villa. &lt;a href=&#34;https://en.wikisource.org/wiki/Moral_letters_to_Lucilius/Letter_86&#34;&gt;https://en.wikisource.org/wiki/Moral_letters_to_Lucilius/Letter_86&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:58&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:59&#34;&gt;
&lt;p&gt;En la antigua Roma, algunas casas de baños permitían el baño mixto, mientras que otras separaban a hombres y mujeres. La prostitución era legal, pero el hecho de que la esposa de un hombre se hubiera bañado con otros hombres era motivo legítimo de divorcio. &lt;sup id=&#34;fnref9:15&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:15&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;15&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; En la España musulmana, se imponían multas cuantiosas a los hombres que se colaban en los baños públicos en los días asignados a las mujeres o que eran sorprendidos espiando a través de las ventanas. Las mujeres ponían en riesgo sus derechos legales si hacían lo mismo. Abusar de una mujer en los baños públicos, incluso verbalmente, conllevaba la pena de muerte. Véase: Powers, James F. &amp;ldquo;Frontier municipal baths and social interaction in thirteenth-century Spain.&amp;rdquo; The American Historical Review 84.3 (1979): 649.667. En los Países Bajos, durante la Edad Media, las autoridades distinguían los baños públicos «honestos» de los «deshonestos». Para mantener la calidad de los baños públicos «honestos», se abolieron los baños mixtos, se establecieron normas para las bañistas e se ilegalizaron la prostitución en los baños públicos. &lt;sup id=&#34;fnref10:23&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:23&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;23&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:59&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:59&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:60&#34;&gt;
&lt;p&gt;No cabe duda de que los baños públicos fueron un vector de epidemias históricas. Los folletos médicos incluso desaconsejaban su visita. Sin embargo, casi todos los baños permanecieron abiertos, probablemente porque se consideraban un servicio demasiado esencial como para retirarlos. Al menos, ese era el caso en los Países Bajos medievales y en el Imperio Romano (véase: &lt;sup id=&#34;fnref11:23&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:23&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;23&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref2:21&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:21&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;21&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;)&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:60&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:61&#34;&gt;
&lt;p&gt;How to make biomass energy sustainable again? Kris De Decker, Low-tech Magazine, September 2020. &lt;a href=&#34;https://qelnixcor.cloud/2020/09/how-to-make-biomass-energy-sustainable-again/&#34;&gt;https://qelnixcor.cloud/2020/09/how-to-make-biomass-energy-sustainable-again/&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:61&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:62&#34;&gt;
&lt;p&gt;Además, el hipocausto se mejoró aún más en la Edad Media, lo que permitió que fuera aún más eficiente energéticamente que en la época romana. Véase: Heat storage hypocausts: air heating in the middle ages, Kris De Decker, Low-tech Magazine, March 2017. &lt;a href=&#34;https://qelnixcor.cloud/2017/03/heat-storage-hypocausts-air-heating-in-the-middle-ages/&#34;&gt;https://qelnixcor.cloud/2017/03/heat-storage-hypocausts-air-heating-in-the-middle-ages/&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:62&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:63&#34;&gt;
&lt;p&gt;Heat your house with a mechanical windmill, Kris De Decker, Low-tech Magazine, February 2019. &lt;a href=&#34;https://qelnixcor.cloud/2019/02/heat-your-house-with-a-mechanical-windmill/&#34;&gt;https://qelnixcor.cloud/2019/02/heat-your-house-with-a-mechanical-windmill/&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:63&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:64&#34;&gt;
&lt;p&gt;Por ejemplo, investigadores de la Universidad de Stuttgart han ideado un sistema híbrido de almacenamiento que consiste en un tanque de agua y vapor a presión que sirve para almacenar energía solar. El vapor puede liberarse en una sauna en cualquier momento, mientras que el agua sirve para calentar el espacio. Véase: Schaefer, M., et al. &amp;ldquo;Development of a zero-energy-sauna: Simulation study of thermal energy storage.&amp;rdquo; Energy and Buildings 256 (2022): 111659.  &lt;a href=&#34;https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0378778821009439&#34;&gt;https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0378778821009439&lt;/a&gt;. Un ejemplo de tecnología muy sencilla es &amp;ldquo;Solauna&amp;rdquo;, que funciona únicamente con calor solar, básicamente mediante la construcción de una cocina solar de caja muy grande y bien aislada. Véase: &lt;a href=&#34;https://www.biopiscinas.pt/en/solar-sauna/&#34;&gt;https://www.biopiscinas.pt/en/solar-sauna/&lt;/a&gt;. &amp;ldquo;Lytefire&amp;rdquo; creates heat and steam by sunlight from mirrors concentrated on a metal plate or a bag of stones. See: &lt;a href=&#34;https://lytefiresauna.com/en&#34;&gt;https://lytefiresauna.com/en&lt;/a&gt;.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:64&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:65&#34;&gt;
&lt;p&gt;Véase: &lt;a href=&#34;https://www.designboom.com/architecture/bao-split-bathhouse/&#34;&gt;https://www.designboom.com/architecture/bao-split-bathhouse/&lt;/a&gt;. Otro ejemplo es un baño público en el este de Irán, construido en 2004, que funciona con dos campos de colectores solares (195 m² en total) y dos tanques de almacenamiento con aislamiento térmico (3 m³ cada uno). La instalación suministra agua caliente a doce duchas y cuatro baños, satisfaciendo la demanda de agua caliente de 150 personas al día. Fuente: Azad, E. &amp;ldquo;Design, installation and operation of a solar thermal public bath in eastern iran.&amp;rdquo; Energy for Sustainable Development 16.1 (2012): 68-73. Investigadores también están investigando el uso combinado de hornos de biomasa y colectores solares térmicos para baños turcos en Marruecos. Véase: Krarouch, M., et al. &amp;ldquo;Simulation of floor heating in a combined solar-biomass system integrated in a public bathhouse located in Marrakech.&amp;rdquo; IOP Conference Series: Materials Science and Engineering. Vol. 353. No. 1. IOP Publishing, 2018. Ver también:  Mohamed, Krarouch, and Haller Michel. &amp;ldquo;Design optimisation of a combined pellets and solar heating systems for water heating in a public bathhouse.&amp;rdquo; Energy Reports 6 (2020): 1628-1635. Ver también: Sibley, Magda, Camilla Pezzica, and Chris Tweed. &amp;ldquo;Eco-hammam: the complexity of accelerating the ecological transition of a key social heritage sector in Morocco.&amp;rdquo; Sustainability 13.17 (2021): 9935. See also: Zbaidi, Mourad, et al. &amp;ldquo;Improving the Energy Efficiency of a Traditional Hammam by Using Two Types of Heat Exchanger.&amp;rdquo; International Journal on Engineering Applications 11.6 (2023).&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:65&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:66&#34;&gt;
&lt;p&gt;How (Not) to Run a Modern Society on Solar and Wind Power Alone, Kris De Decker, Low-tech Magazine, September 2017. &lt;a href=&#34;https://qelnixcor.cloud/2017/09/how-not-to-run-a-modern-society-on-solar-and-wind-power-alone/&#34;&gt;https://qelnixcor.cloud/2017/09/how-not-to-run-a-modern-society-on-solar-and-wind-power-alone/&lt;/a&gt; See also: Battery Killers: Grid-Interactive Water Heaters, Kris De Decker, No Tech Magazine, May 2015. &lt;a href=&#34;https://www.notechmagazine.com/2015/05/battery-killers-grid-interactive-water-heaters.html&#34;&gt;https://www.notechmagazine.com/2015/05/battery-killers-grid-interactive-water-heaters.html&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:66&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;/ol&gt;
&lt;/div&gt;
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    </item>
    
    <item>
      <title>¿Qué tan sostenible es la atención médica de alta tecnología?</title>
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      <pubDate>Fri, 19 Apr 2024 00:00:00 +0000</pubDate>
      
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      <description>&lt;div class=&#34;article-img &#34;&gt;
&lt;figure data-imgstate=&#34;dither&#34;&gt;
&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2024/04/how-sustainable-is-high-tech-health-care/images/dithers/the-surgeon_dithered.png&#34; alt=&#39;El cirujano, una pintura de David Teniers, década de 1670.&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
&lt;figcaption class=&#34;caption&#34;&gt;
 El cirujano, una pintura de David Teniers, década de 1670.
&lt;/figcaption&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;h2 id=&#34;la-huella-ambiental-del-sector-de-la-atención-médica&#34;&gt;La huella ambiental del sector de la atención médica&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;La atención médica es uno de los sectores económicos más importantes en países de ingresos altos, pero su huella ambiental está subreportada y rara vez se considera. La mayoría de las investigaciones sobre atención médica sostenible tienen menos de cinco años. Un artículo de investigación de 2019 calculó que el sector representa del 2 al 10% de las huellas de carbono nacionales en todos los países de la OCDE, China e India, con una participación promedio del 5.5% en general.&lt;sup id=&#34;fnref:1&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:1&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;1&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:2&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:2&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;2&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los datos se refieren al año 2014, cuando los sectores de atención médica de estos 36 países combinados fueron responsables de 1.6 Gt de emisiones de gases de efecto invernadero. Esto corresponde al 4.4% del total global de emisiones ese año (35.7 Gt), casi el doble de la participación de la aviación. Estados Unidos tiene el sistema de atención médica más intensivo en carbono, representando hasta el 10% de las emisiones de carbono nacionales. Además, produce el 9% de la contaminación del aire nacional, el 12% de la lluvia ácida y el 10% de la formación de smog a nivel nacional.&lt;sup id=&#34;fnref:3&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:3&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;3&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La huella ambiental de la atención médica sigue aumentando. Por ejemplo, en Estados Unidos, las emisiones de gases de efecto invernadero del sector de la atención médica aumentaron un 30% entre 2003 y 2013. El aumento en las emisiones se acompaña de un aumento en el gasto; de hecho, las emisiones a menudo se calculan en función del gasto. Los gastos nacionales de salud de Estados Unidos como porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB) aumentaron del 3% en 1930, al 5% en 1960, al 10% en 1983, al 15% en 2002 y al 17.7% en 2019.&lt;sup id=&#34;fnref:4&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:4&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;4&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:5&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:5&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;5&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; En la UE, el gasto en salud per cápita se duplicó entre 2000 y 2018, y el gasto total ahora representa el 9.9% del PIB.&lt;sup id=&#34;fnref:6&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:6&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;6&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;blockquote&gt;
&lt;p&gt;Si el mundo entero copiara el sistema de atención médica de los Estados Unidos en la actualidad, la huella de carbono global del sector de la salud representaría casi la mitad de las emisiones totales en todo el mundo en 2014.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Los 36 países cuyos sistemas de atención médica juntos causan el 4.4% de las emisiones globales solo tienen el 54% de la población mundial. El restante 46% de la población produce muy pocas o ninguna emisión relacionada con la atención médica porque no tienen acceso a la atención médica. Si extendiéramos el sistema de atención médica de la OCDE-China-India a nivel mundial, las emisiones se duplicarían a aproximadamente el 8% del total mundial. Además, existen diferencias muy grandes entre estos 36 países. Si el mundo entero copiara el sistema de atención médica de Estados Unidos, la huella de carbono global del sector de la salud ascendería a alrededor de 16 Gt, casi la mitad de las emisiones totales en todo el mundo en 2014.&lt;/p&gt;
&lt;h2 id=&#34;focos-intensos-equipos-médicos-de-alta-potencia&#34;&gt;Focos intensos, equipos médicos de alta potencia&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;¿Qué hace que la atención médica moderna sea tan intensiva en recursos?&lt;sup id=&#34;fnref:7&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:7&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;7&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Para empezar, los hospitales modernos son grandes consumidores de energía, principalmente debido a las grandes cargas de enchufes de dispositivos médicos, iluminación, ventilación y aire acondicionado.&lt;sup id=&#34;fnref1:3&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:3&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;3&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:8&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:8&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;8&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:9&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:9&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;9&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; &lt;sup id=&#34;fnref:10&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:10&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;10&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:11&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:11&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;11&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:12&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:12&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;12&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; En las salas de operaciones, el alto consumo de energía se debe principalmente al uso de focos intensos y sistemas de ventilación ultralimpios. En las unidades de cuidados intensivos y los departamentos de imágenes diagnósticas, el equipo médico domina la carga de energía.&lt;sup id=&#34;fnref1:9&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:9&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;9&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;div class=&#34;article-img &#34;&gt;
&lt;figure data-imgstate=&#34;dither&#34;&gt;
&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2024/04/how-sustainable-is-high-tech-health-care/images/dithers/operating-room_dithered.png&#34; alt=&#39;Quirófano tecnológicamente avanzado. iStock.&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
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 Quirófano tecnológicamente avanzado. iStock. 
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&lt;figure data-imgstate=&#34;dither&#34;&gt;
&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2024/04/how-sustainable-is-high-tech-health-care/images/dithers/MRI-scanner-3T_dithered.png&#34; alt=&#39;Un escáner de resonancia magnética en Taipei, Taiwán (2006). Imagen: Kasuga Huang (CC BY-SA 3.0).&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
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 Un escáner de resonancia magnética en Taipei, Taiwán (2006). Imagen: Kasuga Huang (CC BY-SA 3.0). 
&lt;/figcaption&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Como tantos otros sectores en la sociedad moderna, la atención médica ha llegado a depender de todo tipo de máquinas y dispositivos.&lt;sup id=&#34;fnref:13&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:13&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;13&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Algunos de estos equipos médicos tienen un uso de energía muy alto. Por ejemplo, un escáner de resonancia magnética (MRI), una de las tecnologías de imágenes diagnósticas más potentes, puede usar tanta electricidad como más de 70 hogares europeos promedio. Un estudio de 2020 calculó que la tecnología médica de diagnóstico de alta tecnología (tanto MRI como CT) fue responsable de un impresionante 0.77% de las emisiones de carbono globales en 2016.&lt;sup id=&#34;fnref:14&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:14&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;14&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El uso de energía de equipos médicos más pequeños está poco investigado, pero un inventario de dos hospitales estadounidenses mostró que tenían 14,648 y 7,372 dispositivos que consumen energía, de los cuales las bombas de infusión solas consumían más electricidad en conjunto que un escáner MRI.&lt;sup id=&#34;fnref1:13&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:13&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;13&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; La alta densidad de equipos médicos también aumenta el uso de electricidad del aire acondicionado en los hospitales.&lt;sup id=&#34;fnref2:9&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:9&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;9&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;h2 id=&#34;uso-de-recursos-a-lo-largo-de-la-cadena-de-suministro&#34;&gt;Uso de recursos a lo largo de la cadena de suministro&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Aún más energía, alrededor del 60% del total, se utiliza de manera indirecta a lo largo de la cadena de suministro.&lt;sup id=&#34;fnref1:1&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:1&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;1&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref2:3&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:3&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;3&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref1:10&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:10&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;10&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:15&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:15&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;15&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;. Esto concierne a la adquisición de equipos médicos, productos farmacéuticos y otros productos médicos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para empezar, el creciente número de dispositivos médicos utilizados en hospitales también debe ser fabricado y llevado al mercado. Esto requiere actividades como la extracción de recursos y la construcción y operación de laboratorios de investigación, fábricas y vehículos de transporte. Esta &amp;ldquo;energía incorporada&amp;rdquo; de la cadena de suministro de equipos médicos está muy poco investigada. Un estudio calculó que la producción de un escáner de resonancia magnética (MRI) requiere más de la mitad de los combustibles fósiles utilizados en la producción de un avión de pasajeros, y que la energía incorporada es un tercio del uso total de energía de la máquina.&lt;sup id=&#34;fnref:16&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:16&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;16&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La atención médica moderna también depende en gran medida de los productos farmacéuticos, que representan entre el 10 y el 25% de las emisiones totales de atención médica, dependiendo del país.&lt;sup id=&#34;fnref1:15&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:15&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;15&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:17&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:17&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;17&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Un estudio de 2019 reveló que la industria farmacéutica global produce más gases de efecto invernadero que la industria automotriz global: 52 MtCO2 frente a 46 MtCO2.&lt;sup id=&#34;fnref:18&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:18&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;18&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Sin embargo, casi no hay datos sobre la huella ambiental de productos farmacéuticos específicos, porque el secreto corporativo impide a los científicos realizar análisis del ciclo de vida.&lt;/p&gt;
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&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2024/04/how-sustainable-is-high-tech-health-care/images/dithers/pharma-lab_dithered.png&#34; alt=&#39;Laboratorio de Fabricación Farmacéutica. Fuente: iStock.&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
&lt;figcaption class=&#34;caption&#34;&gt;
 Laboratorio de Fabricación Farmacéutica. Fuente: iStock. 
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&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2024/04/how-sustainable-is-high-tech-health-care/images/dithers/gloves-production_dithered.png&#34; alt=&#39;Rubber gloves production line. Source: iStock.&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
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 Rubber gloves production line. Source: iStock. 
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&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2024/04/how-sustainable-is-high-tech-health-care/images/dithers/mask-production_dithered.png&#34; alt=&#39;Línea de producción de mascarillas. Fuente: iStock.&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
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 Línea de producción de mascarillas. Fuente: iStock. 
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&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Los productos desechables de un solo uso son otra fuente de consumo de energía y contaminación en la atención médica.&lt;sup id=&#34;fnref:19&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:19&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;19&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:20&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:20&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;20&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:21&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:21&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;21&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:22&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:22&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;22&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:23&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:23&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;23&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:24&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:24&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;24&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Estos productos son usados por el personal médico y los pacientes (máscaras faciales, guantes, cubrezapatos, gorros, sábanas, batas). También se proporcionan toallas, lavabos, envases de plástico estériles y utensilios como jeringas, mangos y hojas de laringoscopios, circuitos de respiración anestésica e incluso instrumentos quirúrgicos para un solo uso. Estos productos desechables se suministran a los hospitales en lo que se denominan paquetes personalizados, que son conjuntos de productos estériles preempaquetados para cualquier procedimiento médico específico que se pueda imaginar. En principio, una vez que se abre un paquete, todos los elementos se desechan, incluso si no se usaron.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cuando se cuestionan estas prácticas, a menudo es por los residuos hospitalarios que generan: el paciente promedio en un hospital produce al menos 10 kg de residuos por día.&lt;sup id=&#34;fnref:25&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:25&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;25&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Sin embargo, la huella ambiental aumenta significativamente si también se considera la energía incorporada y los residuos en la cadena de suministro para la fabricación de estos productos desechables. Un estudio sobre la cirugía de cataratas en el Reino Unido, las cataratas son la principal causa de ceguera en todo el mundo, muestra que la fabricación de materiales desechables representa más de la mitad de la huella de carbono total del procedimiento.&lt;sup id=&#34;fnref:26&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:26&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;26&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;h2 id=&#34;anestésicos-y-vacunas&#34;&gt;Anestésicos y vacunas&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Finalmente, algunos medicamentos médicos especializados también producen emisiones. Los anestésicos inhalados, que suprimen el sistema nervioso central y son fundamentales para la cirugía, son gases de efecto invernadero potentes, que se evaporan en la atmósfera después de haber sido inhalados por el paciente (se ventilan hacia el exterior a través de los sistemas de ventilación de alta energía de las salas de operaciones modernas).&lt;sup id=&#34;fnref:27&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:27&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;27&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Mantener a un adulto de 70 kg anestesiado durante una hora produce entre 25 kg (usando isoflurano) y 60 kg (desflurano) de equivalentes de CO2, lo que corresponde a las emisiones de conducir un automóvil europeo promedio (121gCO2/km) durante 200-500 km (o conducirlo durante alrededor de 4 horas).&lt;sup id=&#34;fnref2:15&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:15&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;15&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los inhaladores de dosis presurizadas, que se utilizan para tratar el asma y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, también liberan gases de efecto invernadero potentes. A nivel mundial, se fabrican alrededor de 800 millones de inhaladores de dosis presurizadas anualmente, con una huella de carbono total que corresponde a las emisiones anuales de más de 12 millones de automóviles de pasajeros.&lt;sup id=&#34;fnref1:17&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:17&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;17&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref1:27&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:27&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;27&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Las vacunas son otro elemento clave de la atención médica moderna. Liberan emisiones de carbono no solo a través de su desarrollo y producción, sino también por su distribución intensiva en recursos, que implica una cadena de frío dedicada. No pude encontrar ninguna referencia a su huella ambiental.&lt;/p&gt;
&lt;h2 id=&#34;huella-de-carbono-de-los-procedimientos-médicos&#34;&gt;Huella de carbono de los procedimientos médicos&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Los servicios de atención médica a menudo involucran todas las fuentes de emisiones mencionadas anteriormente: dispositivos médicos, productos farmacéuticos y materiales desechables. Cuando se combinan las emisiones en los hospitales y a lo largo de la cadena de suministro, se vuelve posible calcular la huella ambiental de los procedimientos médicos.&lt;/p&gt;
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&lt;figure data-imgstate=&#34;dither&#34;&gt;
&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2024/04/how-sustainable-is-high-tech-health-care/images/dithers/cardiac-surgery_dithered.png&#34; alt=&#39;Quirófano en cirugía cardíaca, 2020. Fuente: iStock.&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
&lt;figcaption class=&#34;caption&#34;&gt;
 Quirófano en cirugía cardíaca, 2020. Fuente: iStock. 
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&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Por ejemplo, estudios sobre cirugía de cataratas y cirugía de control de reflujo en el Reino Unido estimaron la huella de carbono en 182 kg y 1 tonelada de emisiones, respectivamente, lo que corresponde a entre 1,517 km y 8,333 km de conducción.&lt;sup id=&#34;fnref:28&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:28&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;28&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:29&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:29&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;29&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; La diálisis renal, un tratamiento para reemplazar la función renal, produce de 1.8 a 7.2 toneladas de emisiones por paciente por año, lo que equivale a las emisiones de 15,000 a 60,000 km de conducción.&lt;sup id=&#34;fnref1:28&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:28&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;28&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:30&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:30&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;30&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;h2 id=&#34;las-limitaciones-de-la-eficiencia-de-carbono-y-energía&#34;&gt;Las limitaciones de la eficiencia de carbono y energía&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Aunque los datos sobre su huella ambiental aún son incompletos, parece bastante claro que la atención médica moderna no es compatible con una transición hacia una sociedad de bajo carbono. La gran pregunta es si esto se puede solucionar sin reducir los niveles de atención, alivio del dolor y longevidad a los que las personas en sociedades de altos ingresos se han acostumbrado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Muchos esfuerzos y estudios sobre la sostenibilidad de la atención médica tienen como objetivo reducir el uso de energía y las emisiones sin afectar la calidad de los tratamientos médicos, a menudo de manera explícita. Por ejemplo, los autores de un estudio de 2020 sobre el sistema de salud austriaco escriben que es &amp;ldquo;crucial entender cómo el sector de la salud puede reducir sus emisiones sin socavar la calidad del servicio&amp;rdquo;.&lt;sup id=&#34;fnref2:17&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:17&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;17&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; En otros lugares, los investigadores escriben que &amp;ldquo;cualquier solución que reduzca los impactos ambientales mientras reduce el rendimiento al mismo tiempo no puede implementarse&amp;rdquo;.&lt;sup id=&#34;fnref:31&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:31&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;31&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Como consecuencia, muchos investigadores tienden a centrarse en mejorar la eficiencia de carbono y energía. Estas estrategias tienen como objetivo ofrecer el mismo &amp;ldquo;rendimiento&amp;rdquo; o &amp;ldquo;calidad de servicio&amp;rdquo; pero con menos energía (gracias a equipos más eficientes en energía), o con menos emisiones (debido a fuentes de energía más renovables).&lt;sup id=&#34;fnref:32&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:32&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;32&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;blockquote&gt;
&lt;p&gt;La calidad de los tratamientos médicos continúa mejorando, lo que resulta en un uso adicional de energía que borra los ahorros de carbono o energía que resultan de la eficiencia.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;El problema es que la calidad de los tratamientos médicos &lt;em&gt;continúa mejorando&lt;/em&gt;, lo que resulta en un uso adicional de energía que borra los ahorros que resultan de la eficiencia de carbono y energía. Por ejemplo, en 2012, los investigadores calcularon que los escáneres de resonancia magnética podrían hacerse un 10-20% más eficientes en energía con cambios relativamente simples en el diseño y la operación.&lt;sup id=&#34;fnref1:31&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:31&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;31&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Algunos de sus cambios propuestos ahora se están utilizando, pero el uso de energía de los escáneres de resonancia magnética no ha disminuido, al contrario.&lt;/p&gt;
&lt;div class=&#34;article-img &#34;&gt;
&lt;figure data-imgstate=&#34;dither&#34;&gt;
&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2024/04/how-sustainable-is-high-tech-health-care/images/dithers/medical-scientist_dithered.png&#34; alt=&#39;Medical Scientist working on brain tumor cure in a Research Center. Source: iStock.&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
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 Medical Scientist working on brain tumor cure in a Research Center. Source: iStock. 
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&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Una primera razón es que los escáneres de resonancia magnética (IRM) ahora vienen con mayores intensidades de campo (que ofrecen imágenes diagnósticas de mayor precisión) y con orificios más grandes (que mejoran la comodidad del paciente y permiten escanear a pacientes obesos o muy musculosos). Estas innovaciones han mejorado la calidad de la atención, pero lo han hecho a expensas de un uso adicional de energía. En el estudio de 2012, el consumo promedio de energía por escaneo antes de las mejoras en la eficiencia energética era de 15 kWh. Un estudio de 2020 midió un uso de energía de 17 kWh y 23.6 kWh por escaneo para un escáner de IRM con una intensidad de campo de 1.5 y 3 Tesla, respectivamente.&lt;sup id=&#34;fnref:33&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:33&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;33&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En segundo lugar, los escáneres de IRM con mejores capacidades de diagnóstico también aumentan el uso de energía de maneras inesperadas, porque el equipo médico, los productos farmacéuticos, y los tratamientos dan forma y se influyen entre sí. Por ejemplo, los médicos solían diagnosticar a un paciente a través del examen físico y la comunicación, y solo usaban servicios de diagnóstico para confirmar el diagnóstico, si era necesario. Ahora, las pruebas diagnósticas ocurren de manera anticipada y dirigen el proceso de toma de decisiones, lo que resulta en más pruebas y un mayor uso de energía. La introducción de nuevos productos farmacéuticos también puede fomentar prácticas de diagnóstico cada vez más intensivas en energía. Por ejemplo, ciertos fármacos para el tratamiento del cáncer ahora están diseñados para tratar un subtipo de tumor muy específico, lo que requiere imágenes médicas más precisas para identificar el subtipo de tumor.&lt;sup id=&#34;fnref:34&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:34&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;34&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Agregar más fuentes de energía renovable podría reducir potencialmente las emisiones de atención médica tanto en el lugar como en toda la cadena de suministro, pero dado que el uso de energía de los tratamientos médicos continúa aumentando, este resultado es poco probable. Además, un cálculo rápido muestra que, incluso sin un mayor crecimiento en el uso de energía, un sistema de atención médica de Estados Unidos neutral en carbono absorbería toda la producción de energía renovable de Estados Unidos: solar, eólica, hidroeléctrica, madera, geotérmica, biocombustibles, y residuos.&lt;sup id=&#34;fnref:35&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:35&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;35&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; El desafío es solo ligeramente menor en otros países de ingresos altos. Finalmente, la energía renovable no resolvería todos los daños ambientales del sector de la atención médica, ni siquiera eliminaría todas sus emisiones de carbono.&lt;/p&gt;
&lt;h2 id=&#34;atención-médica-suficiente&#34;&gt;¿Atención médica suficiente?&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Para reducir la huella ambiental de la atención médica moderna, debemos cuestionar la tendencia hacia una mayor dependencia de tecnologías y servicios intensivos en energía. Lo mismo es válido en otros ámbitos de la vida.&lt;sup id=&#34;fnref1:32&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:32&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;32&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sin embargo, aunque algunas personas ven el encanto y las verdaderas ventajas de formas de vida frugales y pasadas cuando se trata de comodidad o conveniencia, pocos serían tentados de aplicar los mismos principios a la salud y la longevidad. Después de todo, el equivalente en atención médica de viajar más lentamente o usar un suéter adicional en casa puede ser vivir una vida más corta, sufrir más dolor o ser menos móvil en la vejez. Por ejemplo, si dejáramos de usar escáneres de IRM, o solo usáramos aquellos con una intensidad de campo de hasta 1.5 Tesla, la menor precisión diagnóstica conduciría a que algunos cánceres no sean detectados, lo que resultaría en tasas de supervivencia más bajas para el cáncer y una esperanza de vida promedio más baja. O al menos, así parece.&lt;/p&gt;
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&lt;figure data-imgstate=&#34;dither&#34;&gt;
&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2024/04/how-sustainable-is-high-tech-health-care/images/dithers/barber-surgeon_dithered.png&#34; alt=&#39;Barbero-cirujano extrayendo un diente, una pintura de Adriaen van Ostade, 1630.&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
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 Barbero-cirujano extrayendo un diente, una pintura de Adriaen van Ostade, 1630. 
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&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Si la atención médica se ve en un contexto histórico, parece claro que hay una poderosa conexión entre el uso de tecnologías médicas intensivas en energía, por un lado, y la salud y longevidad de una población, por otro. Incluso mirando atrás menos de un siglo muestra resultados de salud mucho más bajos y tasas de supervivencia para todo tipo de enfermedades, y la esperanza de vida promedio global de hoy (72.6 años) es más alta que en cualquier país de ingresos altos en 1950.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los hospitales datan de la antigüedad, pero simplemente recibían a aquellos que estaban locos o esperaban la muerte. En la Edad Media, la cirugía se realizaba en la barbería, donde los &amp;ldquo;barbero-cirujanos&amp;rdquo; ofrecían sangrías, extracciones dentales y amputaciones junto con los cortes de pelo y afeitados más habituales. Preparaban sus propios anestésicos a base de hierbas y alcohol, que podían ser tan mortales como el tratamiento mismo.[36] Un vistazo al mundo &amp;ldquo;en desarrollo&amp;rdquo; de hoy también parece sugerir una clara conexión entre las emisiones de atención médica, que son muy modestas, y la esperanza de vida, que puede ser de 20 a 30 años inferior a la de los países de altos ingresos.&lt;sup id=&#34;fnref:36&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:36&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;36&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:37&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:37&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;37&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:38&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:38&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;38&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:39&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:39&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;39&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:40&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:40&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;40&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sin embargo, si se profundiza, la conexión entre el uso de energía y la longevidad no es tan fuerte como parece. Esto lo demuestra Estados Unidos, que tiene el sistema de atención médica más caro e insostenible del mundo, pero está por detrás de la mayoría de los países europeos en el &lt;em&gt;Índice de Acceso y Calidad de la Atención Médica&lt;/em&gt; (que mide las tasas de muerte por 32 causas de muerte que podrían evitarse con una atención médica efectiva). Los ciudadanos estadounidenses también tienen una esperanza de vida más baja que los ciudadanos europeos. Claramente, también hay otros factores en juego.&lt;/p&gt;
&lt;h2 id=&#34;resistencia-a-las-enfermedades&#34;&gt;Resistencia a las enfermedades&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Para empezar, la calidad de un sistema de atención médica no es el único determinante de la salud y la longevidad. Aquí es donde la historia sí tiene una lección importante que enseñarnos. El conocimiento médico que se remonta a la antigüedad veía la salud de una manera más holística y hacía un gran énfasis en fortalecer la resistencia inherente del cuerpo a las enfermedades. Por ejemplo, Hipócrates, a menudo llamado el padre de la medicina occidental, recetaba dieta, gimnasia, ejercicio, masaje, hidroterapia y natación en el mar.&lt;sup id=&#34;fnref:41&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:41&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;41&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Se podría argumentar que nuestros antepasados no tenían otra opción que centrarse en prevenir enfermedades, porque tenían pocos tratamientos disponibles. Sin embargo, la sabiduría de su enfoque es más evidente que nunca. Hoy en día, en las sociedades de altos ingresos, muchos pacientes necesitan tratamiento médico debido a las llamadas enfermedades relacionadas con el estilo de vida, aquellas causadas por una nutrición deficiente o excesiva, la falta de actividad física, el estrés o el abuso de sustancias. Los riesgos típicos para la salud son enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, depresión, obesidad, algunos tipos de cáncer y una mayor susceptibilidad a enfermedades infecciosas. La sociedad industrial nos ha dado tratamientos médicos efectivos, pero también nos está enfermando.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esto significa que la salud y la longevidad pueden ser promovidas de otras maneras que a través de un sistema de atención médica cada vez más intensivo en recursos. Al abordar los determinantes más amplios de la salud y la longevidad, podríamos hacer un cambio de la medicina curativa a la medicina preventiva.&lt;sup id=&#34;fnref3:15&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:15&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;15&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:42&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:42&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;42&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; La medicina preventiva no se trata de que el gobierno nos diga que no fumemos (y luego se beneficie con el dinero de los impuestos por la venta de cigarrillos). Más bien, se trata de cambios sistémicos que van más allá del cambio de comportamiento.&lt;/p&gt;
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&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2024/04/how-sustainable-is-high-tech-health-care/images/dithers/cars-health_dithered.png&#34; alt=&#39;Rush hour en São Paulo, Brasil, 2005. Dominio público.&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
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 Rush hour en São Paulo, Brasil, 2005. Dominio público. 
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&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Por ejemplo, reducir significativamente el uso de automóviles en nuestras sociedades traería una cantidad sorprendentemente grande de beneficios para la salud que reducirían la necesidad de tratamientos médicos intensivos en energía. Disminuiría el daño a la salud causado por accidentes de tráfico y por la contaminación del aire y del ruido. Haría que las personas fueran más activas físicamente (previniendo muchas enfermedades relacionadas con el estilo de vida), y liberaría mucho espacio público para que las personas se reúnan, los niños jueguen y para que los árboles crezcan (todos factores importantes para la salud mental de una población). Finalmente, reducir el uso de automóviles podría fácilmente ahorrar más emisiones de gases de efecto invernadero de las que produce el sistema de atención médica.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cambiar a un sistema de producción de alimentos más saludable, abordar el daño ambiental causado por la industria del plástico, reducir la pobreza y la desigualdad social, introducir jornadas laborales más cortas y empleos más significativos son otros ejemplos de medicina preventiva. No hemos alcanzado la mayor esperanza de vida de hoy solo por sistemas de atención médica mejores. También lo logramos gracias a una mejor educación, saneamiento, regulaciones de seguridad y de tráfico, sistemas de bienestar, control del crimen, y un suministro de alimentos más confiable. La baja esperanza de vida promedio en países pobres también se debe en parte a estos factores.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La medicina preventiva también reduciría el daño a la salud causado por los propios tratamientos médicos. Esto concierne al daño a la salud resultante de errores médicos o efectos secundarios de los medicamentos y de manera más indirecta, de la contaminación que genera el sector de la atención médica. Por ejemplo, la contaminación del aire proveniente de los servicios de atención médica contribuye a la prevalencia del asma, lo que a su vez aumenta la demanda de atención médica. El cambio climático y otros daños ambientales amenazan a generaciones más jóvenes y futuras con impactos en la salud aún mayores, por ejemplo, a través de fallas en los cultivos, propagación de enfermedades, eventos climáticos extremos y desastres naturales.&lt;sup id=&#34;fnref:43&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:43&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;43&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;h2 id=&#34;la-ley-de-los-rendimientos-decrecientes&#34;&gt;La ley de los rendimientos decrecientes&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Segundo, dentro de un sistema de atención médica, las prácticas médicas con un mayor uso de energía no necesariamente conducen a resultados de salud aumentados de manera proporcional. Al igual que muchos otros sectores en la sociedad industrial, la atención médica curativa es vulnerable a la ley de los rendimientos decrecientes: se necesita cada vez más energía para obtener aumentos cada vez más pequeños en los resultados de salud.&lt;sup id=&#34;fnref1:5&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:5&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;5&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Por el contrario, esto significa que una disminución relativamente pequeña en la calidad o especificaciones de los tratamientos médicos podría generar reducciones comparativamente grandes en el uso de recursos y las emisiones.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El control de infecciones es un buen ejemplo. El desarrollo de la anestesia general en la década de 1840 hizo posible la cirugía, pero en ese momento más del 90% de las heridas quirúrgicas se infectaban, lo que a menudo conducía a la muerte.&lt;sup id=&#34;fnref:44&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:44&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;44&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; La primera disminución importante en las tasas de infección se produjo con las prácticas antisépticas (1880-1900), y la segunda se produjo con la introducción de los antibióticos (1945-1970). Para 1985, la tasa de infección general había disminuido a aproximadamente un 5%. Desde entonces, se han invertido muchos recursos para lograr avances incrementales hacia el 100% de esterilidad, principalmente mediante la sustitución de suministros reutilizables por productos desechables de un solo uso.&lt;sup id=&#34;fnref1:26&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:26&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;26&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;div class=&#34;article-img  vertical&#34;&gt;
&lt;figure data-imgstate=&#34;dither&#34;&gt;
&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2024/04/how-sustainable-is-high-tech-health-care/images/dithers/reuse-surgical-instruments_dithered.png&#34; alt=&#39;Enfermera de quirófano preparando instrumentos para cirugía en el 3er Hospital de Campaña, Corea. 1951. Fuente: Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU.&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
&lt;figcaption class=&#34;caption&#34;&gt;
 Enfermera de quirófano preparando instrumentos para cirugía en el 3er Hospital de Campaña, Corea. 1951. Fuente: Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU.
&lt;/figcaption&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Si están correctamente descontaminados, los suministros reutilizables no conllevan un aumento en los riesgos de infección, pero la contaminación cruzada entre pacientes a veces ocurre por error. Sin embargo, algunos científicos han abogado por volver a los productos reutilizables, que tienen una huella ambiental mucho menor en la mayoría de los casos. Por ejemplo, el uso de mangos de laringoscopio reutilizables produce de 16-25 veces menos gases de efecto invernadero que los desechables de un solo uso.&lt;sup id=&#34;fnref1:44&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:44&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;44&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Los investigadores admiten que su enfoque puede aumentar las muertes por infecciones quirúrgicas. Sin embargo, argumentan que el daño a la salud causado por la producción de suministros desechables de un solo uso es aún más considerable.&lt;/p&gt;
&lt;blockquote&gt;
&lt;p&gt;Las comparaciones de la cirugía de cataratas en el Reino Unido y en la India han demostrado que el mismo tratamiento produce solo el 5% de las emisiones y el 6% de los residuos sólidos en el Reino Unido.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Cuando se trata de maximizar los rendimientos, las sociedades menos prósperas pueden enseñarnos algunas lecciones. Las comparaciones de la cirugía de cataratas en el Reino Unido y en la India han demostrado que el mismo tratamiento (facoemulsificación) en las Clínicas Oftalmológicas Aravind de la India es mucho más económico y produce solo el 5% de las emisiones y el 6% de los residuos sólidos en el Reino Unido. Esto se debe principalmente a que los cirujanos indios reutilizan tantos suministros, dispositivos y medicamentos como sea posible en tantos pacientes como sea posible.&lt;sup id=&#34;fnref2:26&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:26&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;26&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:45&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:45&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;45&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:46&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:46&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;46&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:47&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:47&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;47&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref:48&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:48&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;48&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Además, utilizan suministros, implantes y medicamentos fabricados localmente, y aplican un sistema de doble cama en el que se opera a un paciente mientras otro se posiciona y prepara en la cama contigua.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Aunque estas prácticas incumplen las regulaciones para el control de infecciones en países de altos ingresos, la cirugía de cataratas en la India logra resultados similares o mejores y no causa más infecciones que en el Reino Unido o los Estados Unidos. En consecuencia, bien podría ser que la ley de los rendimientos decrecientes haya alcanzado su límite máximo, en el sentido de que una práctica médica costosa e insostenible no parece brindar ningún beneficio para la salud. Las clínicas oftalmológicas indias demuestran que es posible un modelo de atención eficaz sin suministros y recursos costosos e insostenibles. La innovación médica puede ocurrir sin nueva tecnología.&lt;/p&gt;
&lt;h2 id=&#34;impulsado-por-el-lucro&#34;&gt;Impulsado por el lucro&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;La ley de los rendimientos decrecientes y el enfoque en la medicina curativa tienen su raíz en el hecho de que la innovación médica está principalmente impulsada por el lucro. Las empresas privadas que desarrollan y venden equipos médicos, productos farmacéuticos y otros productos de atención médica no tienen nada que ganar o ganar si la demanda de nuevas tecnologías y productos de atención médica curativa disminuye, o si las tecnologías médicas se juzgaran en relación con su uso de recursos. La industria médica, lógicamente, quiere aumentar las ventas de sus productos, y cuenta con enormes presupuestos de marketing y poder de lobby para lograr ese objetivo.&lt;sup id=&#34;fnref:49&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:49&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;49&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;div class=&#34;article-img &#34;&gt;
&lt;figure data-imgstate=&#34;dither&#34;&gt;
&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2024/04/how-sustainable-is-high-tech-health-care/images/dithers/healthcare-1910s_dithered.png&#34; alt=&#39;Hospital Militar Rey Jorge, tratamiento eléctrico y sala de rayos X. 1915. Fuente: Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos.&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
&lt;figcaption class=&#34;caption&#34;&gt;
 Hospital Militar Rey Jorge, tratamiento eléctrico y sala de rayos X. 1915. Fuente: Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos. 
&lt;/figcaption&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;La OMS estima que entre el 20 y el 40% del gasto en atención médica se desperdicia, y argumenta que &amp;ldquo;la relación costo-eficacia, la necesidad real y la utilidad probable de muchas tecnologías innovadoras son cuestionables&amp;rdquo;.&lt;sup id=&#34;fnref1:43&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:43&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;43&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref1:36&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:36&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;36&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Un cuerpo creciente de literatura académica muestra hasta qué punto los pacientes en países de altos ingresos están &amp;ldquo;sobredosificados, sobretratados y sobre diagnosticados&amp;rdquo;.&lt;sup id=&#34;fnref2:43&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:43&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;43&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref1:14&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:14&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;14&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Nada de esto es inevitable. Un sistema de atención médica moderno también podría funcionar en otro contexto económico. Por ejemplo, algunos han sugerido el desarrollo de equipos médicos y productos farmacéuticos de código abierto, en los que la tecnología de atención médica se convertiría en un bien común. Cambiar la carga impositiva del trabajo a los recursos podría ser otra parte de la solución. En países de altos ingresos, los equipos médicos, los productos farmacéuticos y los productos desechables sirven en parte para reducir la costosa fuerza laboral humana en la atención médica.&lt;/p&gt;
&lt;h2 id=&#34;edad-y-sostenibilidad&#34;&gt;Edad y sostenibilidad&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Basándonos en los datos fragmentados disponibles, parece probable que el uso de recursos de los sistemas de atención médica modernos podría reducirse significativamente, sin llevarnos de vuelta a los barberos-cirujanos de la Edad Media. Un sistema de atención médica más centrado en la medicina preventiva, y que opere fuera de la lógica del mercado, podría reducir las emisiones sin afectar negativamente la salud, e incluso mejorarla.&lt;/p&gt;
&lt;blockquote&gt;
&lt;p&gt;A medida que los tratamientos médicos se vuelven cada vez más intensivos en recursos, aumentan las probabilidades de que el daño a la salud pública de un tratamiento supere la ganancia individual de un paciente, especialmente en la vejez.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;De lo contrario, la ley de los rendimientos decrecientes destaca oportunidades para reducir la huella ambiental de los servicios de atención médica. Por ejemplo, si la huella ambiental de la atención médica se redujera a la mitad, es muy poco probable que la esperanza de vida disminuyera proporcionalmente. Casi la mitad de los gastos de atención médica a lo largo de la vida, y por lo tanto el uso de energía y las emisiones, se incurre durante los años de la tercera edad (+65 años). Para aquellos de hasta 85 años, más de un tercio de sus gastos de por vida se acumularán en los años restantes.&lt;sup id=&#34;fnref:50&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:50&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;50&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Abogar por una esperanza de vida promedio más corta, incluso si puede implicar una disminución muy modesta, suena problemático. Sin embargo, evitar el tema es igual de problemático. Debido a la enorme (y aún creciente) huella ambiental de la atención médica moderna, la salud y la longevidad de hoy provienen al menos en parte a expensas de la salud y la longevidad de las generaciones más jóvenes y futuras, que no tienen voz en este debate.&lt;sup id=&#34;fnref3:43&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:43&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;43&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Si curamos a una persona hoy, a expensas de enfermar a otras personas mañana, la atención médica se vuelve contraproducente. La salud no es solo un bien privado sino también público, y a medida que los tratamientos médicos se vuelven cada vez más intensivos en recursos, aumentan las probabilidades de que el daño a la salud pública de un tratamiento supere la ganancia individual de un paciente, especialmente en la vejez.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Gracias a Elizabeth Shove&lt;/p&gt;
&lt;div class=&#34;footnotes&#34; role=&#34;doc-endnotes&#34;&gt;
&lt;hr&gt;
&lt;ol&gt;
&lt;li id=&#34;fn:1&#34;&gt;
&lt;p&gt;Pichler, Peter-Paul, et al. &amp;ldquo;International comparison of health care carbon footprints.&amp;rdquo; Environmental Research Letters 14.6 (2019): 064004. &lt;a href=&#34;https://iopscience.iop.org/article/10.1088/1748-9326/ab19e1/pdf&#34;&gt;https://iopscience.iop.org/article/10.1088/1748-9326/ab19e1/pdf&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:1&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:1&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:2&#34;&gt;
&lt;p&gt;Las estimaciones nacionales de las emisiones de gases de efecto invernadero del sector de la atención médica se han realizado para el Reino Unido (2009), los Estados Unidos (2009 y 2016), Suecia (2017), Australia (2018), Canadá (2018), China (2019), Japón (2020) y Austria (2020). Para obtener una visión general, consulta [15]. Sin embargo, debido a que cada estudio tiene su propia metodología, los resultados no son perfectamente comparables. Por eso cito esta fuente, ya que proporciona estimaciones comparables.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:2&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:3&#34;&gt;
&lt;p&gt;Eckelman, Matthew J., and Jodi Sherman. &amp;ldquo;Environmental impacts of the US health care system and effects on public health.&amp;rdquo; PloS one 11.6 (2016): e0157014. &lt;a href=&#34;https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0157014&#34;&gt;https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0157014&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:3&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:3&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref2:3&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:4&#34;&gt;
&lt;p&gt;US National Health Expenditure Data. Centers for Medicare &amp;amp; Medicaid Services. &lt;a href=&#34;https://www.cms.gov/Research-Statistics-Data-and-Systems/Statistics-Trends-and-Reports/NationalHealthExpendData/NationalHealthAccountsHistorical&#34;&gt;https://www.cms.gov/Research-Statistics-Data-and-Systems/Statistics-Trends-and-Reports/NationalHealthExpendData/NationalHealthAccountsHistorical&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:4&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:5&#34;&gt;
&lt;p&gt;Tainter, Joseph. The collapse of complex societies. Cambridge university press, 1988. Page 102 &amp;amp; 103.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:5&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:5&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:6&#34;&gt;
&lt;p&gt;Current healthcare expenditure, 2012-2017, Eurostat. Current health expenditure per capita (current US$) - European Union, World Bank. Current health expenditure per capita, PPP (current international $) - European Union, World Bank. Health spending, OECD.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:6&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:7&#34;&gt;
&lt;p&gt;En lo que sigue, ignoro el uso de recursos y las emisiones causadas por el transporte hacia y desde las instalaciones de atención médica, así como el uso de recursos y las emisiones causadas por la construcción de las propias instalaciones de atención médica.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:7&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:8&#34;&gt;
&lt;p&gt;La investigación en diferentes países ha mostrado un consumo de electricidad de 130 a 280 kilovatios-hora por metro cuadrado por año, lo que representa alrededor del 50% del consumo total de energía en el lugar de construcción. &lt;sup id=&#34;fnref1:11&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:11&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;11&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;sup id=&#34;fnref1:12&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:12&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;12&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Para comparación, el uso de electricidad residencial en los hogares europeos es en promedio de 70 kWh/m2/año, y la demanda total de energía está dominada por la calefacción, no por la electricidad. Según un estudio de 2016, para el cual los científicos recopilaron datos de consumo de energía durante un período de 18 meses en un hospital alemán, las salas de operaciones tienen el mayor consumo de electricidad (438 kWh/m2/año), seguidas por las unidades de cuidados intensivos (135 kWh/m2/año).&lt;sup id=&#34;fnref3:9&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:9&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;9&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:8&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:9&#34;&gt;
&lt;p&gt;Christiansen, Nils, Martin Kaltschmitt, and Frank Dzukowski. &amp;ldquo;Electrical energy consumption and utilization time analysis of hospital departments and large scale medical equipment.&amp;rdquo; Energy and Buildings 131 (2016): 172-183.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:9&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:9&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref2:9&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref3:9&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:10&#34;&gt;
&lt;p&gt;Wu, Rui. &amp;ldquo;The carbon footprint of the Chinese health-care system: an environmentally extended input–output and structural path analysis study.&amp;rdquo; The Lancet Planetary Health 3.10 (2019): e413-e419. &lt;a href=&#34;https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2542519619301925&#34;&gt;https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2542519619301925&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:10&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:10&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:11&#34;&gt;
&lt;p&gt;Bawaneh, Khaled, et al. &amp;ldquo;Energy consumption analysis and characterization of healthcare facilities in the United States.&amp;rdquo; Energies 12.19 (2019): 3775. &lt;a href=&#34;https://www.mdpi.com/1996-1073/12/19/3775/pdf&#34;&gt;https://www.mdpi.com/1996-1073/12/19/3775/pdf&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:11&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:11&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:12&#34;&gt;
&lt;p&gt;Rohde, Tarald, and Robert Martinez. &amp;ldquo;Equipment and energy usage in a large teaching hospital in Norway.&amp;rdquo; Journal of healthcare engineering 6 (2015). &lt;a href=&#34;http://downloads.hindawi.com/journals/jhe/2015/231507.pdf&#34;&gt;http://downloads.hindawi.com/journals/jhe/2015/231507.pdf&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:12&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:12&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:13&#34;&gt;
&lt;p&gt;Black, Douglas R., et al. &amp;ldquo;Evaluation of miscellaneous and electronic device energy use in hospitals.&amp;rdquo; World Review of Science, Technology and Sustainable Development 10.1-2-3 (2013): 113-128. &lt;a href=&#34;https://www.osti.gov/servlets/purl/1172701&#34;&gt;https://www.osti.gov/servlets/purl/1172701&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:13&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:13&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:14&#34;&gt;
&lt;p&gt;Picano, Eugenio. &amp;ldquo;Environmental sustainability of medical imaging.&amp;rdquo; Acta Cardiologica (2020): 1-5. &lt;a href=&#34;https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/00015385.2020.1815985&#34;&gt;https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/00015385.2020.1815985&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:14&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:14&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:15&#34;&gt;
&lt;p&gt;Sherman, Jodi D., et al. &amp;ldquo;The Green Print: Advancement of Environmental Sustainability in Healthcare.&amp;rdquo; Resources, Conservation and Recycling 161 (2020): 104882. &lt;a href=&#34;https://www.researchgate.net/profile/Brett_Duane/publication/343137350_The_Green_Print_Advancement_of_Environmental_Sustainability_in_Healthcare/links/5f216962299bf134048f8960/The-Green-Print-Advancement-of-Environmental-Sustainability-in-Healthcare.pdf&#34;&gt;https://www.researchgate.net/profile/Brett_Duane/publication/343137350_The_Green_Print_Advancement_of_Environmental_Sustainability_in_Healthcare/links/5f216962299bf134048f8960/The-Green-Print-Advancement-of-Environmental-Sustainability-in-Healthcare.pdf&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:15&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:15&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref2:15&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref3:15&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:16&#34;&gt;
&lt;p&gt;Martin, Marisa, et al. &amp;ldquo;Environmental impacts of abdominal imaging: a pilot investigation.&amp;rdquo; Journal of the American College of Radiology 15.10 (2018): 1385-1393. &lt;a href=&#34;https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S1546144018308639&#34;&gt;https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S1546144018308639&lt;/a&gt;. The researchers write that “when production and use phases are combined, the total energy consumption of MRI (&amp;gt;309 MJ/examination, abdominal scan, 1.5 Tesla) is comparable with cooling a three-bedroom house with central air-conditioning for a day”.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:16&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:17&#34;&gt;
&lt;p&gt;Weisz, Ulli, et al. &amp;ldquo;Carbon emission trends and sustainability options in Austrian health care.&amp;rdquo; Resources, Conservation and Recycling 160 (2020): 104862.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:17&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:17&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref2:17&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:18&#34;&gt;
&lt;p&gt;Belkhir, Lotfi, and Ahmed Elmeligi. &amp;ldquo;Carbon footprint of the global pharmaceutical industry and relative impact of its major players.&amp;rdquo; Journal of Cleaner Production 214 (2019): 185-194. &lt;a href=&#34;https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0959652618336084&#34;&gt;https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0959652618336084&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:18&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:19&#34;&gt;
&lt;p&gt;Laufman, Harold, Luther Riley, and Barry Badner. &amp;ldquo;Use of disposable products in surgical practice.&amp;rdquo; Archives of Surgery 111.1 (1976): 20-26. &lt;a href=&#34;https://jamanetwork.com/journals/jamasurgery/article-abstract/581229&#34;&gt;https://jamanetwork.com/journals/jamasurgery/article-abstract/581229&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:19&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:20&#34;&gt;
&lt;p&gt;Gilden, Daniel J., K. N. Scissors, and J. B. Reuler. &amp;ldquo;Disposable products in the hospital waste stream.&amp;rdquo; Western journal of medicine 156.3 (1992): 269. &lt;a href=&#34;https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1003232/pdf/westjmed00091-0045.pdf&#34;&gt;https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1003232/pdf/westjmed00091-0045.pdf&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:20&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:21&#34;&gt;
&lt;p&gt;Sherman, Jodi D., and Harriet W. Hopf. &amp;ldquo;Balancing infection control and environmental protection as a matter of patient safety: the case of laryngoscope handles.&amp;rdquo; Anesthesia &amp;amp; Analgesia 127.2 (2018): 576-579. &lt;a href=&#34;https://www.researchgate.net/profile/Jodi_Sherman/publication/322407715_Balancing_Infection_Control_and_Environmental_Protection_as_a_Matter_of_Patient_Safety_The_Case_of_Laryngoscope_Handles/links/5a82ba12a6fdcc6f3eadcfab/Balancing-Infection-Control-and-Environmental-Protection-as-a-Matter-of-Patient-Safety-The-Case-of-Laryngoscope-Handles.pdf&#34;&gt;https://www.researchgate.net/profile/Jodi_Sherman/publication/322407715_Balancing_Infection_Control_and_Environmental_Protection_as_a_Matter_of_Patient_Safety_The_Case_of_Laryngoscope_Handles/links/5a82ba12a6fdcc6f3eadcfab/Balancing-Infection-Control-and-Environmental-Protection-as-a-Matter-of-Patient-Safety-The-Case-of-Laryngoscope-Handles.pdf&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:21&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:22&#34;&gt;
&lt;p&gt;Thiel, Cassandra Lee, et al. &amp;ldquo;Life cycle assessment of medical procedures: Vaginal and cesarean section births.&amp;rdquo; 2012 IEEE International Symposium on Sustainable Systems and Technology (ISSST). IEEE, 2012.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:22&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:23&#34;&gt;
&lt;p&gt;Campion, Nicole, et al. &amp;ldquo;Sustainable healthcare and environmental life-cycle impacts of disposable supplies: a focus on disposable custom packs.&amp;rdquo; Journal of Cleaner Production 94 (2015): 46-55.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:23&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:24&#34;&gt;
&lt;p&gt;“Reusables, Disposables each play a role in preventing cross-contamination”, Elizabeth Srejic, Infection Control Today, April 2016&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:24&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:25&#34;&gt;
&lt;p&gt;Sustainability roadmap for hospitals, American Association of Hospitals. &lt;a href=&#34;http://www.sustainabilityroadmap.org/topics/waste.shtml#.YCsEOXyYXWc&#34;&gt;http://www.sustainabilityroadmap.org/topics/waste.shtml#.YCsEOXyYXWc&lt;/a&gt;.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:25&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:26&#34;&gt;
&lt;p&gt;Thiel, Cassandra L., et al. &amp;ldquo;Cataract surgery and environmental sustainability: waste and lifecycle assessment of phacoemulsification at a private healthcare facility.&amp;rdquo; Journal of Cataract &amp;amp; Refractive Surgery 43.11 (2017): 1391-1398. &lt;a href=&#34;https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5728421/&#34;&gt;https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5728421/&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:26&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:26&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref2:26&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:27&#34;&gt;
&lt;p&gt;Vollmer, Martin K., et al. &amp;ldquo;Modern inhalation anesthetics: potent greenhouse gases in the global atmosphere.&amp;rdquo; Geophysical Research Letters 42.5 (2015): 1606-1611. &lt;a href=&#34;https://agupubs.onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1002/2014GL062785&#34;&gt;https://agupubs.onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1002/2014GL062785&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:27&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:27&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:28&#34;&gt;
&lt;p&gt;Salas, Renee N., et al. &amp;ldquo;A pathway to net zero emissions for healthcare.&amp;rdquo; bmj 371 (2020).&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:28&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:28&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:29&#34;&gt;
&lt;p&gt;Brown, Lawrence H., et al. &amp;ldquo;Estimating the life cycle greenhouse gas emissions of Australian ambulance services.&amp;rdquo; Journal of Cleaner Production 37 (2012): 135-141.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:29&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:30&#34;&gt;
&lt;p&gt;Connor, A., R. Lillywhite, and M. W. Cooke. &amp;ldquo;The carbon footprint of a renal service in the United Kingdom.&amp;rdquo; QJM: An International Journal of Medicine 103.12 (2010): 965-975. &lt;a href=&#34;https://academic.oup.com/qjmed/article/103/12/965/1584174&#34;&gt;https://academic.oup.com/qjmed/article/103/12/965/1584174&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:30&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:31&#34;&gt;
&lt;p&gt;Herrmann, C., and A. Rock. &amp;ldquo;Magnetic resonance equipment (MRI)–Study on the potential for environmental improvement by the aspect of energy efficiency.&amp;rdquo; PE INTERNATIONAL AG, Report (2012).&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:31&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:31&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:32&#34;&gt;
&lt;p&gt;Shove, Elizabeth. &amp;ldquo;What is wrong with energy efficiency?.&amp;rdquo; Building Research &amp;amp; Information 46.7 (2018): 779-789. &lt;a href=&#34;https://www.tandfonline.com/doi/pdf/10.1080/09613218.2017.1361746&#34;&gt;https://www.tandfonline.com/doi/pdf/10.1080/09613218.2017.1361746&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:32&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:32&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:33&#34;&gt;
&lt;p&gt;Heye, Tobias, et al. &amp;ldquo;The energy consumption of radiology: energy-and cost-saving opportunities for CT and MRI operation.&amp;rdquo; Radiology 295.3 (2020): 593-605. &lt;a href=&#34;https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/32208096/&#34;&gt;https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/32208096/&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:33&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:34&#34;&gt;
&lt;p&gt;Blue, Stanley. &amp;ldquo;Reducing demand for energy in hospitals: opportunities for and limits to temporal coordination.&amp;rdquo; Demanding Energy. Palgrave Macmillan, Cham, 2018. 313-337.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:34&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:35&#34;&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href=&#34;https://www.eia.gov/tools/faqs/faq.php?id=92&amp;amp;t=4&#34;&gt;https://www.eia.gov/tools/faqs/faq.php?id=92&amp;amp;t=4&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:35&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:36&#34;&gt;
&lt;p&gt;WHO compendium of innovative health technologies for low-resource settings, WHO; 2016-17. WHO, 2018. &lt;a href=&#34;https://www.who.int/medical_devices/publications/compendium_2016_2017/en/&#34;&gt;https://www.who.int/medical_devices/publications/compendium_2016_2017/en/&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:36&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:36&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref2:36&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:37&#34;&gt;
&lt;p&gt;Medical devices: managing the mismatch: an outcome of the priority medical devices project: methodology briefing paper, WHO, 2010. &lt;a href=&#34;https://apps.who.int/iris/handle/10665/70491&#34;&gt;https://apps.who.int/iris/handle/10665/70491&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:37&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:38&#34;&gt;
&lt;p&gt;Global Atlas of Medical Devices, WHO, 2017. &lt;a href=&#34;https://www.who.int/medical_devices/publications/global_atlas_meddev2017/en/&#34;&gt;https://www.who.int/medical_devices/publications/global_atlas_meddev2017/en/&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:38&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:39&#34;&gt;
&lt;p&gt;Page, Brandi R., et al. &amp;ldquo;Cobalt, linac, or other: what is the best solution for radiation therapy in developing countries?.&amp;rdquo; International Journal of Radiation Oncology* Biology* Physics89.3 (2014): 476-480.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:39&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:40&#34;&gt;
&lt;p&gt;En una encuesta realizada a cirujanos en 30 países africanos, el 48% informó de cortes de energía al menos semanalmente, el 29% había operado utilizando solo luces de teléfonos móviles y el 19% había experimentado resultados quirúrgicos deficientes como resultado de ello.[28]&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:40&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:41&#34;&gt;
&lt;p&gt;Parker, Steve. Medicine: The Definitive Illustrated History. DK Publishing, 2016.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:41&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:42&#34;&gt;
&lt;p&gt;Hall, Peter A., and Michèle Lamont, eds. Successful societies: How institutions and culture affect health. Cambridge University Press, 2009.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:42&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:43&#34;&gt;
&lt;p&gt;Borowy, Iris, and Jean-Louis Aillon. &amp;ldquo;Sustainable health and degrowth: Health, health care and society beyond the growth paradigm.&amp;rdquo; Social Theory &amp;amp; Health 15.3 (2017): 346-368.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:43&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:43&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref2:43&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref3:43&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:44&#34;&gt;
&lt;p&gt;Sherman, Jodi D., and Harriet W. Hopf. &amp;ldquo;Balancing infection control and environmental protection as a matter of patient safety: the case of laryngoscope handles.&amp;rdquo; Anesthesia &amp;amp; Analgesia 127.2 (2018): 576-579.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:44&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:44&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:45&#34;&gt;
&lt;p&gt;Steyn, A., et al. &amp;ldquo;Frugal innovation for global surgery: leveraging lessons from low-and middle-income countries to optimise resource use and promote value-based care.&amp;rdquo; The Bulletin of the Royal College of Surgeons of England 102.5 (2020): 198-200. &lt;a href=&#34;https://publishing.rcseng.ac.uk/doi/pdf/10.1308/rcsbull.2020.150&#34;&gt;https://publishing.rcseng.ac.uk/doi/pdf/10.1308/rcsbull.2020.150&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:45&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:46&#34;&gt;
&lt;p&gt;Haripriya, Aravind, David F. Chang, and Ravilla D. Ravindran. &amp;ldquo;Endophthalmitis reduction with intracameral moxifloxacin in eyes with and without surgical complications: Results from 2 million consecutive cataract surgeries.&amp;rdquo; Journal of Cataract &amp;amp; Refractive Surgery 45.9 (2019): 1226-1233. &lt;a href=&#34;https://www.aurolab.com/images/JCRS%202%20million.pdf&#34;&gt;https://www.aurolab.com/images/JCRS%202%20million.pdf&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:46&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:47&#34;&gt;
&lt;p&gt;Venkatesh, Rengaraj, et al. &amp;ldquo;Carbon footprint and cost–effectiveness of cataract surgery.&amp;rdquo; Current opinion in ophthalmology 27.1 (2016): 82-88.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:47&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:48&#34;&gt;
&lt;p&gt;Thiel, Cassandra L., et al. &amp;ldquo;Utilizing off-the-shelf LCA methods to develop a ‘triple bottom line’auditing tool for global cataract surgical services.&amp;rdquo; Resources, Conservation and Recycling 158 (2020): 104805.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:48&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:49&#34;&gt;
&lt;p&gt;En el cuidado de la salud, existe una línea delgada entre el marketing y la corrupción, especialmente cuando el público objetivo son profesionales médicos que pueden beneficiarse al usar o recetar un dispositivo médico o medicamento, o cuando los reguladores son influenciados para facilitar prácticas que aumentan las ganancias. Transparencia Internacional clasifica la adquisición de medicamentos y equipos médicos en cuarto lugar en una lista de siete procesos que conllevan un alto riesgo de corrupción, y describe el problema como &amp;ldquo;generalizado en todos los países&amp;rdquo;.&lt;sup id=&#34;fnref2:36&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:36&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;36&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:49&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:50&#34;&gt;
&lt;p&gt;Alemayehu, Berhanu, and Kenneth E. Warner. &amp;ldquo;The lifetime distribution of health care costs.&amp;rdquo; Health services research 39.3 (2004): 627-642. &lt;a href=&#34;https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1361028/&#34;&gt;https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1361028/&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:50&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;/ol&gt;
&lt;/div&gt;
</description>
    </item>
    
    <item>
      <title>¿Cuánta Energía Necesitamos?</title>
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      <pubDate>Wed, 24 Jan 2018 00:00:00 +0000</pubDate>
      
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      <description>&lt;div class=&#34;article-img &#34;&gt;
&lt;figure data-imgstate=&#34;dither&#34;&gt;
&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2018/01/how-much-energy-do-we-need/images/dithers/azuri-technologies_dithered.png&#34; alt=&#39;Image: Azuri Technologies&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
&lt;figcaption class=&#34;caption&#34;&gt;
 Image: Azuri Technologies 
&lt;/figcaption&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;A causa de que la energía impulsa tanto el desarrollo humano como el deterioro ambiental, las políticas que fomentan la reducción de la demanda de energía pueden ir en contra de las políticas para aliviar la pobreza, y viceversa. Lograr ambos objetivos solo puede suceder si el uso de la energía se distribuyera más equitativamente entre las sociedades.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sin embargo, si bien se reconoce ampliamente que parte de la población mundial vive en “pobreza energética”, se presta poca atención a la condición opuesta: el “exceso de energía” o “decadencia de la energía”. Los investigadores han calculado los niveles mínimos de energía necesarios para vivir una vida decente, pero ¿qué pasa con los niveles máximos?&lt;/p&gt;
&lt;h2 id=&#34;uso-de-energía-per-cápita&#34;&gt;Uso de energía per cápita&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;La humanidad necesita reducir radicalmente su uso de energía si queremos evitar el emperamiento del cambio climático, el agotamiento de los recursos no renovables y la destrucción del medio ambiente natural del que depende nuestra supervivencia. &lt;sup id=&#34;fnref:1&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:1&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;1&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los objetivos de reducción de emisiones de carbono y uso de energía generalmente se enmarcan en términos de reducciones porcentuales nacionales e internacionales, pero el uso de energía per cápita varía enormemente entre países y dentro de ellos, sin importar cómo estos datos se calculen. &lt;sup id=&#34;fnref:2&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:2&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;2&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Si dividimos el consumo total de energía primaria de un país por su población, vemos que el norteamericano promedio usa más del doble de la energía del europeo promedio (6.881 kgep frente a 3.207 kgep, es decir, &lt;em&gt;kg de equivalente de petróleo&lt;/em&gt;). Dentro de Europa, el noruego promedio (5,818 kgep) usa casi tres veces más energía que el griego promedio (2,182 kgep). Este último consume de tres a cinco veces más energía que el angoleño promedio (545 kgep), camboyano (417 kgep) o nicaragüense (609 kgep), que usa entre dos y tres veces la energía del promedio de Bangladesh (222 kgep). &lt;sup id=&#34;fnref:3&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:3&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;3&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Estas cifras incluyen no solo la energía utilizada directamente en los hogares, sino también la energía utilizada en el transporte, la fabricación, la producción de energía y otros sectores. Este cálculo tiene más sentido que el cálculo aislado por hogar, porque las personas consumen mucha más energía fuera de sus hogares, como por ejemplo, a través de los productos que compran. &lt;sup id=&#34;fnref:4&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:4&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;4&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;div class=&#34;article-img &#34;&gt;
&lt;figure data-imgstate=&#34;dither&#34;&gt;
&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2018/01/how-much-energy-do-we-need/images/dithers/average-energy-use-per-capita-per-year-2014-worldwide_dithered.png&#34; alt=&#39;Gráfica: Uso promedio de energía per cápita por año en Kg equivalente de petróleo.&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
&lt;figcaption class=&#34;caption&#34;&gt;
 Gráfica: Uso promedio de energía per cápita por año en Kg equivalente de petróleo. 
&lt;/figcaption&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;El cálculo ‘basado en la producción’ no es perfecto, porque los países con alto consumo de energía per cápita a menudo importan una gran cantidad de productos manufacturados de países con un menor consumo de energía per cápita. La energía utilizada en la producción de estos bienes se atribuye a los países exportadores, lo que significa que el uso de energía per cápita en los países más “desarrollados” es una subestimación.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Conocer la distribución del uso de energía dentro de los países requiere datos con mayor resolución espacial. Por ejemplo, un análisis de las variaciones en el consumo de energía en los hogares (electricidad y gas) y el uso de energía en el transporte privado en el Reino Unido muestra que el uso promedio de energía per cápita puede variar cinco veces según el área. &lt;sup id=&#34;fnref1:2&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:2&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;2&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Teniendo en cuenta las diferencias entre países y dentro de ellos, así como la subcontratación de fabricación (un cálculo basado en el consumo), los usuarios de energía más altos del mundo contribuyen con 1,000 veces más emisiones de carbono que los usuarios de energía más bajos. &lt;sup id=&#34;fnref:5&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:5&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;5&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La desigualdad no solo concierne a la cantidad de energía, sino también a su calidad. Personas en países industrializados tienen acceso a un suministro de electricidad y gas confiable, limpio y (al parecer) interminable. Por otro lado, dos de cada cinco personas en todo el mundo (3 mil millones de personas) dependen de la madera, el carbón o estiércol para cocinar sus alimentos, y 1.500 millones de ellos no tienen luz eléctrica. &lt;sup id=&#34;fnref:6&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:6&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;6&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Estos combustibles causan contaminación del aire interior y pueden requerir mucho tiempo y mano de obra para conseguirse. Si los combustibles modernos están disponibles en estos países, a menudo son caros y / o menos confiables.&lt;/p&gt;
&lt;h2 id=&#34;más-allá-de-la-pobreza-energética-decadencia-de-la-energía&#34;&gt;Más allá de la pobreza energética: decadencia de la energía&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Actualmente se reconoce que estos 3 mil millones de personas de países en desarrollo viven en “pobreza energética”. &lt;sup id=&#34;fnref:7&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:7&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;7&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; &lt;sup id=&#34;fnref:8&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:8&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;8&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; En 2011, las Naciones Unidas y el Banco Mundial lanzaron la iniciativa: Sustainable energy for all (&lt;em&gt;Energía Sostenible para Todos&lt;/em&gt;) (SE4ALL), que apunta a “garantizar el acceso universal a los servicios energéticos modernos” para 2030. La pobreza energética también ha llamado la atención en los países desarrollados, donde esta se centra principalmente en la calefacción inadecuada de los espacios.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Un estudio de 2015 encontró que hasta 54 millones de europeos no pueden calefaccionar adecuadamente sus hogares en invierno. &lt;sup id=&#34;fnref:9&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:9&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;9&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; La Comisión Europea lanzó el Observatorio de la Pobreza Energética en 2017, que realizará investigaciones y proporcionará directrices a los gobiernos nacionales para establecer medidas con el objetivo de abordar la pobreza energética. &lt;sup id=&#34;fnref1:8&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:8&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;8&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;blockquote&gt;
&lt;p&gt;Llevar al resto del mundo al nivel de vida y al consumo de energía de los países ricos no es compatible con los problemas ambientales que enfrentamos.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Si bien se reconoce que una parte de la población mundial no está utilizando suficiente energía, no existe la misma discusión sobre las personas que consumen demasiada energía. &lt;sup id=&#34;fnref2:2&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:2&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;2&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; &lt;sup id=&#34;fnref:10&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:10&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;10&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; &lt;sup id=&#34;fnref:11&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:11&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;11&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Sin embargo, para resolver la tensión entre la reducción de la demanda de energía y la pobreza energética es necesario que quienes usan “demasiado” reduzcan su consumo de energía.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Llevar al resto del mundo al nivel de vida y al consumo de energía de los países ricos -el objetivo implícito del “desarrollo humano” – resolvería el problema de la desigualdad, pero no es compatible con los problemas ambientales que enfrentamos.&lt;/p&gt;
&lt;div class=&#34;article-img &#34;&gt;
&lt;figure data-imgstate=&#34;dither&#34;&gt;
&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2018/01/how-much-energy-do-we-need/images/dithers/the-panos-network_dithered.png&#34; alt=&#39;Imagen: The Panos Network.&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
&lt;figcaption class=&#34;caption&#34;&gt;
 Imagen: The Panos Network. 
&lt;/figcaption&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Según las cifras proporcionadas anteriormente, si cada ser humano en la Tierra utilizara tanta energía como el promedio de Europa occidental o América del Norte, el uso total de energía en el mundo y las emisiones de carbono serían por lo menos de dos a cuatro veces mayores que en la actualidad. Esto es una subestimación, porque para lograr los mismos niveles de vida, los países en desarrollo primero necesitarían construir una infraestructura (caminos, redes eléctricas, etcétera), lo que también requieriría mucha energía. &lt;sup id=&#34;fnref:12&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:12&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;12&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En consecuencia, aunque se ha trabajado mucho en torno a la pobreza energética, existe un debate paralelo sobre la “decadencia de la energía” o el “exceso de energía”. &lt;sup id=&#34;fnref3:2&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:2&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;2&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; La búsqueda de la ‘suficiencia energética’ -un nivel de uso de energía que sea justo y sostenible- debe incluir no solo los mínimos (suficientes para un propósito necesario) sino también los máximos (demasiado para la seguridad y el bienestar, a corto o largo plazo). &lt;sup id=&#34;fnref:13&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:13&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;13&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; De lo contrario, estaríamos hipotecando la salud de las generaciones futuras para obtener las ganancias del desarrollo en el presente. &lt;sup id=&#34;fnref:14&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:14&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;14&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;h2 id=&#34;cálculo-de-mínimos-y-máximos&#34;&gt;Cálculo de mínimos y máximos&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;¿Cómo definir la decadencia de energía? ¿Cuánto es ‘demasiado’ cuando se habla de consumo de energía? En gran medida, podemos basarnos en décadas de investigación sobre la pobreza energética, que ha medido los componentes de un nivel de vida mínimo aceptable. &lt;sup id=&#34;fnref1:14&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:14&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;14&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Por ejemplo, el Millenium Project (Proyecto Milenio) del Programa de Desarrollo de la ONU establece un nivel mínimo de 500 kg por persona por año, una cantidad de energía casi cuatro veces inferior al promedio mundial. &lt;sup id=&#34;fnref:15&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:15&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;15&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Algunos investigadores han abordado la decadencia de energía de una manera similar, calculando un nivel de vida máximo aceptable. Por ejemplo, &lt;em&gt;Swiss Federal Institute of Technology&lt;/em&gt; (Instituto Federal de Tecnología de Suiza) propuso la &lt;em&gt;Sociedad de 2.000 vatios&lt;/em&gt;, que implica un consumo de energía per cápita mundial de 1.500 kgoe por año, mientras que la propuesta de &lt;em&gt;Contracción y Convergencia&lt;/em&gt; del &lt;em&gt;Instituto Global de Comunicaciones&lt;/em&gt; limita el uso de energía a 1.255 kgep por persona y año. &lt;sup id=&#34;fnref1:10&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:10&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;10&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; &lt;sup id=&#34;fnref1:13&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:13&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;13&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; &lt;sup id=&#34;fnref:16&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:16&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;16&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Estos niveles de consumo de energía per cápita corresponden hoy a una reducción del 20-35% por debajo del promedio mundial actual.&lt;/p&gt;
&lt;div class=&#34;article-img &#34;&gt;
&lt;figure data-imgstate=&#34;dither&#34;&gt;
&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2018/01/how-much-energy-do-we-need/images/dithers/average-energy-use-per-capita-per-year-including-sufficiency-scenarios_dithered.png&#34; alt=&#39;Gráfica: Uso de energía per cápita por año en Kgep. Datos del Banco Mundial, 2000.&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
&lt;figcaption class=&#34;caption&#34;&gt;
 Gráfica: Uso de energía per cápita por año en Kgep. Datos del Banco Mundial, 2000. 
&lt;/figcaption&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Debido a que la investigación de la pobreza energética solo investiga los mínimos y no los máximos de uso de energía, los niveles mínimos de energía se calculan de abajo hacia arriba. Los investigadores investigan cuánta energía se requiere para vivir una vida decente, en base a un conjunto de bienes y servicios que se consideran esenciales. Por otro lado, los niveles máximos de energía, por encima de los cuales el consumo de energía se considera excesivo e insostenible, se calculan de arriba hacia abajo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los investigadores determinan un nivel “seguro” de consumo de energía global basado en algún indicador de la capacidad de carga del planeta, como por ejemplo un nivel de emisiones de carbono que se cree mantiene el calentamiento global dentro de ciertos límites, y lo divide por la población mundial. Entre el límite superior establecido por la capacidad de carga del planeta, y el límite inferior establecido por niveles decentes de bienestar para todos, se encuentra una zona donde el uso de energía es considerado sostenible, situada en algún lugar entre la pobreza energética y la decadencia energética. &lt;sup id=&#34;fnref2:14&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:14&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;14&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Estos límites no solo implican que los ricos en energía deban reducir su uso de energía, sino también que los pobres en energía no aumenten demasiado su consumo. Sin embargo, no hay garantía de que los niveles máximos sean de hecho más altos que los niveles mínimos.&lt;/p&gt;
&lt;blockquote&gt;
&lt;p&gt;Entre el límite superior establecido por la capacidad de carga del planeta, y el límite inferior establecido por niveles decentes de bienestar para todos, se encuentra una zona de uso sostenible de la energía.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Queda por ver si cuando se calcula un nivel mínimo de consumo de energía de abajo hacia arriba, se puede mantener sin destruir el medio ambiente. Por otro lado, si se calcula un nivel máximo de consumo de energía per cápita de arriba hacia abajo, queda por ver si este nivel “seguro” de consumo de energía es suficiente para llevar una vida decente. Si el ‘piso’ es más alto que el ‘techo’, la conclusión sería que el bienestar sostenible para todos es simplemente imposible.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para empeorar las cosas, definir niveles mínimos y máximos está plagado de dificultades. Por un lado, la capacidad de carga del planeta no está definida. Al calcular de arriba hacia abajo, no hay acuerdo si esta se trata de una concentración segura de carbono en la atmósfera, las reservas de combustibles fósiles restantes, las mediciones del daño ecológico o el impacto de energía renovable, avances en la eficiencia energética y crecimiento de la población. Por otro lado, para aquellos que adoptan un enfoque ascendente, definir lo que constituye una vida “decente” está sujeto a debate.&lt;/p&gt;
&lt;h2 id=&#34;necesidades-y-deseos&#34;&gt;Necesidades y deseos&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Los niveles mínimos y máximos de consumo de energía mencionados anteriormente se suponen universales: todos los ciudadanos del mundo tienen derecho a la misma cantidad de energía. Sin embargo, aunque distribuir el uso de la energía de manera equitativa para la población mundial puede parecer justo, de hecho es lo contrario.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La cantidad de energía que las personas “necesitan” no depende solo de ellos. También depende del clima (las personas que viven en climas fríos necesitarán más energía para calefacción que las que viven en climas cálidos), la cultura (el uso de aire acondicionado en los EE. UU. frente a la siesta en el sur de Europa) y la infraestructura (ciudades que carecen de transporte público e instalaciones de ciclismo obligan a las personas usar más automóviles).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Las diferencias en eficiencia energética también pueden tener un impacto significativo en la “necesidad” de energía. Por ejemplo, una estufa tradicional de tres piedras es menos eficiente que una cocina de gas moderna, lo que significa que el uso de esta último requiere menos energía para cocinar una comida similar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No solo los electrodomésticos determinan cuánta energía se necesita, sino también la infraestructura: si la producción y transmisión de electricidad tienen una eficiencia relativamente baja, las personas necesitan de más energía primaria, incluso si usan la misma cantidad de electricidad en el hogar.&lt;/p&gt;
&lt;div class=&#34;article-img &#34;&gt;
&lt;figure data-imgstate=&#34;dither&#34;&gt;
&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2018/01/how-much-energy-do-we-need/images/dithers/off-grid-electric_dithered.png&#34; alt=&#39;Imagen: Off-Grid Electric&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
&lt;figcaption class=&#34;caption&#34;&gt;
 Imagen: [Off-Grid Electric](http://offgrid-electric.com/#home) 
&lt;/figcaption&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Para tener en cuenta todas estas diferencias, la mayoría de los investigadores abordan el diagnóstico de la pobreza energética centrándose en los “servicios de energía” y no en un nivel particular de consumo de energía. &lt;sup id=&#34;fnref:17&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:17&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;17&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Las personas no demandan energía ni combustible en sí mismas; lo que necesitan son los servicios que la energía brinda. Por ejemplo, cuando se trata de iluminación, las personas no necesitan una determinada cantidad de energía, sino un nivel adecuado de luz según lo que estén haciendo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Un ejemplo de este enfoque basado en servicios es el indicador Acceso de energía total (TEA) de la ONG Practical Action, lanzado en 2010. &lt;sup id=&#34;fnref1:17&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:17&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;17&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; &lt;sup id=&#34;fnref:18&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:18&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;18&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; La TEA mide hogares en países en desarrollo contra estándares de servicios mínimos prescritos para iluminación, cocina y calentamiento de agua, calefacción de espacios, refrigeración de alimentos y espacio, y servicios de información y comunicación. Por ejemplo, el nivel mínimo para la iluminación en los hogares es de 300 lúmenes, y Practical Action proporciona estándares similares para otros servicios de energía, no solo en los hogares, sino también en entornos de trabajo y edificios comunitarios.&lt;/p&gt;
&lt;blockquote&gt;
&lt;p&gt;Las necesidades son universales, objetivas, no sustituibles, intergeneracionales y saciables. Los deseos son subjetivos, evolucionan a lo largo del tiempo, son individuales, sustituibles e insaciables.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Algunos indicadores de pobreza energética van un paso más allá. No especifican los servicios de energía, sino las necesidades o capacidades humanas básicas (teóricamente). De este modo, las necesidades o capacidades básicas se consideran universales, pero los medios para lograrlas dependen del ámbito geográfico y cultural. &lt;sup id=&#34;fnref2:10&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:10&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;10&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; &lt;sup id=&#34;fnref2:17&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:17&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;17&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El enfoque de estos indicadores basados en las necesidades está en la medición de las condiciones del bienestar humano, más que en la especificación de los requisitos para lograr estos resultados. &lt;sup id=&#34;fnref:19&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:19&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;19&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Ejemplos de las necesidades básicas humanas son agua limpia y nutrición, refugio, confort térmico, un entorno no amenazante, relaciones interpersonales significativas, educación y atención médica.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Las necesidades básicas se consideran universales, objetivas, no sustituibles (por ejemplo, la ingesta insuficiente de alimentos no se puede resolver aumentando el espacio de la vivienda, o viceversa), intergeneracionales (las necesidades básicas de las generaciones futuras serán las mismas que las generaciones actuales), y saciable (se puede saciar la necesidad de ingerir agua, calorías o tener un espacio para vivienda, las cuales son consideradas necesidades básicas).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esto significa que los umbrales pueden concebirse donde se evitan daños graves. Las “necesidades” pueden distinguirse de los “deseos”, ya que estos últimos son subjetivos, evolucionan a lo largo del tiempo, son individuales, sustituibles e insaciables. Centrarse en las necesidades básicas de esta manera hace posible distinguir entre “necesidades” y “lujos”, y argumentar que las necesidades humanas, presentes y futuras, prevalecen sobre los “deseos” presentes y futuros. &lt;sup id=&#34;fnref3:14&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:14&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;14&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; &lt;sup id=&#34;fnref3:17&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:17&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;17&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;h2 id=&#34;diferencias-a-través-del-tiempo-aumento-de-la-dependencia-a-la-energía&#34;&gt;Diferencias a través del tiempo: aumento de la dependencia a la energía&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Centrarse en los servicios de energía o las necesidades básicas puede ayudar a determinar los niveles máximos de uso de energía. En lugar de definir los niveles mínimos de servicio de energía (como 300 lúmenes de luz por hogar), podríamos definir niveles máximos de servicios de energía (digamos 2,000 lúmenes de luz por hogar). Estos niveles de servicio de energía podrían combinarse para calcular los niveles máximos de uso de energía per cápita u hogar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sin embargo, estos solo serían válidos en contextos geográficos y culturales específicos, como países, ciudades o vecindarios, y no serían de aplicación universal. Del mismo modo, podríamos definir las necesidades básicas y luego calcular la energía que se requiere para satisfacerlas en un contexto específico.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sin embargo, el enfoque en los servicios de energía o las necesidades básicas también revela un problema fundamental. Si los bienes y servicios necesarios para una vida decente y libre de pobreza no se consideran aplicables universalmente, sino que se relacionan con los estándares y costumbres prevalecientes de una sociedad en particular, resulta claro que dichos estándares evolucionan con el tiempo así como lo hace la tecnología y los modos de vida consuetudinarios. &lt;sup id=&#34;fnref1:11&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:11&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;11&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los cambios a lo largo del tiempo, especialmente desde el siglo XX, revelan una escalada en las convenciones y normas que resultan en un mayor consumo de energía. Los “satisfactores de la necesidad” se han vuelto cada vez más intensivos en energía, lo que ha hecho que satisfacer las necesidades básicas sea tan problemático como satisfacer los “deseos”.&lt;/p&gt;
&lt;div class=&#34;article-img &#34;&gt;
&lt;figure data-imgstate=&#34;dither&#34;&gt;
&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2018/01/how-much-energy-do-we-need/images/dithers/average-energy-use-per-capita-historical_dithered.png&#34; alt=&#39;Gráfico: Consumo promedio de energía per cápita por año (Kg de equivalente de petroleo)&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
&lt;figcaption class=&#34;caption&#34;&gt;
 Gráfico: Consumo promedio de energía per cápita por año (Kg de equivalente de petroleo) 
&lt;/figcaption&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Investigación sobre la pobreza energética en los países industriales muestra que el nivel mínimo de energía requerido para satisfacer las necesidades básicas está en constante aumento. &lt;sup id=&#34;fnref2:11&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:11&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;11&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; &lt;sup id=&#34;fnref:20&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:20&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;20&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; &lt;sup id=&#34;fnref:21&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:21&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;21&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; Lo que es suficiente hoy no es necesariamente suficiente mañana. Por ejemplo, varios productos de consumo que no existían en la década de 1980, como teléfonos móviles, computadoras personales y acceso al Internet, fueron vistos como necesidades absolutas por el 40-41% del público del Reino Unido en 2012. &lt;sup id=&#34;fnref1:20&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:20&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;20&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;blockquote&gt;
&lt;p&gt;Actualmente en el mundo industrial, incluso los “pobres en energía” viven por encima de la capacidad de carga del planeta.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Otras tecnologías, que ahora se consideran requisitos mínimos han pasado por una evolución similar. Por ejemplo, la calefacción central y las duchas diarias con agua caliente tienen solo unas pocas décadas de antigüedad, pero ahora la mayoría de las personas en los países industrializados consideran que estas tecnologías son una necesidad esencial. &lt;sup id=&#34;fnref:22&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:22&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;22&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; De hecho, actualmente en el mundo industrial, incluso los “pobres en energía” viven por encima de la capacidad de carga del planeta.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por ejemplo, si toda la población del Reino Unido viviera de acuerdo con el presupuesto de energía mínimo que se ha determinado las emisiones per cápita (basadas en el consumo) solo disminuirían de 11.8 a 7.3 toneladas por persona, mientras que el objetivo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo de limitar el aumento en la temperatura mundial promedio es menos de dos toneladas de carbono por persona por año. &lt;sup id=&#34;fnref4:14&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:14&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;14&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; En resumen, el mínimo es tres veces más alto que el máximo.&lt;/p&gt;
&lt;h2 id=&#34;desafiando-las-necesidades-y-los-deseos&#34;&gt;Desafiando las necesidades y los deseos&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;“Al equiparar lo que se ‘requiere’ con lo que es ‘normal&amp;rsquo;”, escriben investigadores de pobreza energética del Reino Unido, “apoyamos activamente las crecientes expectativas de necesidad, lo que va en contra de objetivos como la reducción de la demanda energética … Para lograr la reducción de la demanda no se necesitan seguir las normas fijas, sino desafiarlas&amp;quot;. &lt;sup id=&#34;fnref3:11&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:11&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;11&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; En otras palabras, solo podemos resolver la pobreza energética y la decadencia de la energía si logramos desacoplar la satisfacción de la necesidad humana de los” satisfactores de la necesidad que usan la energía de forma intensiva. &lt;sup id=&#34;fnref1:21&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:21&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;21&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Una forma de hacerlo es aumentando la eficiencia energética. En Basic need and much more with one kilowatt per capita (Necesidades básicas y mucho más con un kilovatio per cápita, 1985) los investigadores argumentan que la cantidad de energía necesaria para evitar la pobreza energética disminuirá gracias a las continuas mejoras en la eficiencia energética: de 750 kgoe per capita por año en 1985 a solo 570 kgoe en 2030. &lt;sup id=&#34;fnref:23&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:23&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;23&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En realidad, esto no es lo que está sucediendo, porque las ganancias en eficiencia energética son &lt;a href=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2018/01/bedazzled-by-energy-efficiency/&#34;&gt;continuamente igualadas por formas de vida que consumen más energía&lt;/a&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sin embargo, si esta tendencia pudiera detenerse o incluso revertirse, los avances en eficiencia energética nos permitirían vivir vidas cada vez más bajas en el consumo de energía. Por ejemplo, para producir los 300 lúmenes que Practical Action considera el nivel mínimo de iluminación, una luz LED requiere seis veces menos electricidad que una bombilla incandescente.&lt;/p&gt;
&lt;div class=&#34;article-img &#34;&gt;
&lt;figure data-imgstate=&#34;dither&#34;&gt;
&lt;img src=&#34;https://qelnixcor.cloud/es/2018/01/how-much-energy-do-we-need/images/dithers/chinese-family_dithered.png&#34; alt=&#39;Imagen: Huang Qinjun.&#39; loading=&#34;lazy&#34;/&gt;&lt;/figure&gt;
&lt;figcaption class=&#34;caption&#34;&gt;
 Imagen: Huang Qinjun. 
&lt;/figcaption&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Más importante aún, las necesidades básicas se pueden satisfacer mediante diferentes medios, y la necesidad relativa de algunos servicios de energía podría y debería cuestionarse. Este enfoque puede etiquetarse como “suficiencia”.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Se podrían reducir los servicios energéticos (televisores más pequeños, coches más ligeros y menos rápidos, o menos tiempo de uso de la televisión y conducir automóviles) o reemplazarlos por otros menos intensivos en energía (usar una bicicleta en lugar de un automóvil, comprar más alimentos frescos en lugar de congelados, jugar juegos de mesa en lugar de mirar la televisión).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La sustitución también puede involucrar servicios comunitarios. En principio, la prestación de servicios públicos podría generar economías de escala y reducir la energía necesaria para proporcionar muchos servicios domésticos: transporte público, baños públicos, cocinas comunitarias, lavanderías, bibliotecas, cibercafés, cabinas telefónicas públicas y servicios de entrega a domicilio son algunos ejemplos. &lt;sup id=&#34;fnref:24&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:24&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;24&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; &lt;sup id=&#34;fnref:25&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:25&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;25&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Combinando la suficiencia con medidas de eficiencia, investigadores alemanes calcularon que el uso de electricidad típico de un hogar de dos personas podría reducirse en un 75%, sin revertir a cambios de estilo de vida drásticos, como lavar la ropa a mano o &lt;a href=&#34;http://www.humanpowerplant.be/human_power_plant/human-powered-student-building-plans.html&#34;&gt;generar energía con máquinas de ejercicios&lt;/a&gt;. &lt;sup id=&#34;fnref1:25&#34;&gt;&lt;a href=&#34;#fn:25&#34; class=&#34;footnote-ref&#34; role=&#34;doc-noteref&#34;&gt;25&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Aunque esto solo se refiere a una parte de la demanda total de energía, la reducción del uso de electricidad en el hogar también conduce a reducciones en el uso de energía para los procesos de producción y transporte.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Si suponemos que son posibles reducciones similares en otros dominios, entonces los hogares alemanes aquí considerados aquí podrían abastecerse con aproximadamente 800 kGO per cápita por año, cuatro veces por debajo del uso de energía promedio por cabeza en Europa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esto sugiere que una vida moderna es compatible con una demanda de energía mucho menor, al menos cuando suponemos que una reducción del 75% en el uso de energía sería suficiente para mantenernos dentro de la capacidad de carga del planeta.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Este artículo fue escrito originalmente para &lt;a href=&#34;http://www.demand.ac.uk/&#34;&gt;The DEMAND Center&lt;/a&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;div class=&#34;footnotes&#34; role=&#34;doc-endnotes&#34;&gt;
&lt;hr&gt;
&lt;ol&gt;
&lt;li id=&#34;fn:1&#34;&gt;
&lt;p&gt;Sólo fomentando fuentes de energía renovables no puede llevar a la reducción de las emisiones de carbono por dos razones. En primer lugar, la demanda de energía aumenta más rápido que la aportación de las energías renovables, lo que significa que las plantas de energía solar y eólica no están reemplazando a los combustibles fósiles, sino que están acomodando una parte de una creciente demanda de energía. En segundo lugar, los sistemas de energía renovable dependen en gran medida de los combustibles fósiles para su fabricación, especialmente cuando contamos con una infraestructura que pretende hacer coincidir la oferta de energía con la demanda de energía en todo momento. La eficiencia energética tampoco nos está llevando a ninguna parte, porque los avances en tecnologías más eficientes a menudo resultan en productos y servicios nuevos o más intensivos en el uso de energía, y porque la eficiencia energética hace que las prácticas insostenibles no sean negociables.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:1&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:2&#34;&gt;
&lt;p&gt;Chatterton, Tim, et al. “Energy justice? A spatial analysis of variations in household direct energy consumption in the UK.” eceee, 2015. &lt;a href=&#34;http://eprints.uwe.ac.uk/28337/1/Chatterton%20Barnes%20Yeboah%20Anable%202015%20Energy%20Justice%20-%20ECEEE%20Conference%20Paper.pdf&#34;&gt;http://eprints.uwe.ac.uk/28337/1/Chatterton%20Barnes%20Yeboah%20Anable%202015%20Energy%20Justice%20-%20ECEEE%20Conference%20Paper.pdf&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:2&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:2&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref2:2&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref3:2&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:3&#34;&gt;
&lt;p&gt;Energy use (kilogram of oil equivalent per capita), 1960-2014. World Bank. &lt;a href=&#34;http://data.worldbank.org/indicator/EG.USE.PCAP.KG.OE?locations=BD-GR-NL&amp;amp;year_low_desc=true&#34;&gt;http://data.worldbank.org/indicator/EG.USE.PCAP.KG.OE?locations=BD-GR-NL&amp;amp;year_low_desc=true&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:3&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:4&#34;&gt;
&lt;p&gt;Consumption of energy, Eurostat, 2017. &lt;a href=&#34;http://ec.europa.eu/eurostat/statistics-explained/index.php/Consumption_of_energy&#34;&gt;http://ec.europa.eu/eurostat/statistics-explained/index.php/Consumption_of_energy&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:4&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:5&#34;&gt;
&lt;p&gt;Piketty, Thomas. “Carbon and inequality: from Kyoto to Paris.” Trends in the Global Inequality of Carbon Emissions (1998-2013) and Prospects for An Equitable Adaptation Fund. Paris: Paris School of Economics (2015). &lt;a href=&#34;http://www.ledevoir.com/documents/pdf/chancelpiketty2015.pdf&#34;&gt;http://www.ledevoir.com/documents/pdf/chancelpiketty2015.pdf&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:5&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:6&#34;&gt;
&lt;p&gt;Poor people’s energy outlook 2010, Practical Action. &lt;a href=&#34;https://policy.practicalaction.org/policy-themes/energy/poor-peoples-energy-outlook/poor-peoples-energy-outlook-2010&#34;&gt;https://policy.practicalaction.org/policy-themes/energy/poor-peoples-energy-outlook/poor-peoples-energy-outlook-2010&lt;/a&gt;. Para versiones posteriores vea: &lt;a href=&#34;https://policy.practicalaction.org/policy-themes/energy/poor-peoples-energy-outlook&#34;&gt;https://policy.practicalaction.org/policy-themes/energy/poor-peoples-energy-outlook&lt;/a&gt;.&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:6&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:7&#34;&gt;
&lt;p&gt;Sustainable Energy For All, United Nations &amp;amp; World Bank. &lt;a href=&#34;http://www.se4all.org/&#34;&gt;http://www.se4all.org/&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:7&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:8&#34;&gt;
&lt;p&gt;Thomson, Harriet, Stefan Bouzarovski, and Carolyn Snell. “Rethinking the measurement of energy poverty in Europe: A critical analysis of indicators and data.” Indoor and Built Environment (2017): 1420326X17699260. &lt;a href=&#34;http://journals.sagepub.com/doi/full/10.1177/1420326X17699260&#34;&gt;http://journals.sagepub.com/doi/full/10.1177/1420326X17699260&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:8&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:8&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:9&#34;&gt;
&lt;p&gt;Team, Authoring, and Claire Baffert. “Energy poverty and vulnerable consumers in the energy sector across the EU: analysis of policies and measures.” Policy 2 (2015). &lt;a href=&#34;https://ec.europa.eu/energy/en/news/energy-poverty-may-affect-nearly-11-eu-population&#34;&gt;https://ec.europa.eu/energy/en/news/energy-poverty-may-affect-nearly-11-eu-population&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:9&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:10&#34;&gt;
&lt;p&gt;Steinberger, Julia K., and J. Timmons Roberts. “From constraint to sufficiency: The decoupling of energy and carbon from human needs, 1975–2005.” Ecological Economics 70.2 (2010): 425-433. &lt;a href=&#34;http://julias.promessage.com/Projects/Articles/EE_SteinbergerRoberts_2010_DecouplingEnergyCarbonHumanNeeds_v2.pdf&#34;&gt;http://julias.promessage.com/Projects/Articles/EE_SteinbergerRoberts_2010_DecouplingEnergyCarbonHumanNeeds_v2.pdf&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:10&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:10&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref2:10&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:11&#34;&gt;
&lt;p&gt;Walker, Gordon, Neil Simcock, and Rosie Day. “Necessary energy uses and a minimum standard of living in the United Kingdom: energy justice or escalating expectations?.” Energy Research &amp;amp; Social Science 18 (2016): 129-138. &lt;a href=&#34;http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2214629616300184&#34;&gt;http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2214629616300184&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:11&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:11&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref2:11&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref3:11&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:12&#34;&gt;
&lt;p&gt;Lamb, William F., and Narasimha D. Rao. “Human development in a climate-constrained world: what the past says about the future.” Global Environmental Change 33 (2015): 14-22. &lt;a href=&#34;http://decentlivingenergy.org/publications/Lamb-Rao-HDinClimConstrainedWorld.pdf&#34;&gt;http://decentlivingenergy.org/publications/Lamb-Rao-HDinClimConstrainedWorld.pdf&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:12&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:13&#34;&gt;
&lt;p&gt;Darby, Sarah. “Enough is as good as a feast–sufficiency as policy.” Proceedings, European Council for an Energy-Efficient Economy. La Colle sur Loup, 2007. &lt;a href=&#34;https://pdfs.semanticscholar.org/8e68/c68ace130104ef6fc0f736339ff34b253509.pdf&#34;&gt;https://pdfs.semanticscholar.org/8e68/c68ace130104ef6fc0f736339ff34b253509.pdf&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:13&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:13&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:14&#34;&gt;
&lt;p&gt;Gough, Ian. “Heat, Greed and Human Need.” Books (2017). &lt;a href=&#34;http://www.e-elgar.com/shop/heat-greed-and-human-need&#34;&gt;http://www.e-elgar.com/shop/heat-greed-and-human-need&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:14&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:14&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref2:14&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref3:14&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref4:14&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:15&#34;&gt;
&lt;p&gt;Energy for a sustainable future, Report and Recommendations, The Secretary-General’s Advisory Group on Energy and Climate Change (AGECC), 28 April 2010, New York. &lt;a href=&#34;http://www.un.org/millenniumgoals/pdf/AGECCsummaryreport%5B1%5D.pdf&#34;&gt;http://www.un.org/millenniumgoals/pdf/AGECCsummaryreport[1].pdf&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:15&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:16&#34;&gt;
&lt;p&gt;Bretschger, Lucas, Roger Ramer, and Florentine Schwark. 2000 Watt Society?.” &lt;a href=&#34;https://www.mtec.ethz.ch/content/dam/ethz/special-interest/mtec/cer-eth/resource-econ-dam/documents/people/lbretschger/Brochure_2kW.pdf&#34;&gt;https://www.mtec.ethz.ch/content/dam/ethz/special-interest/mtec/cer-eth/resource-econ-dam/documents/people/lbretschger/Brochure_2kW.pdf&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:16&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:17&#34;&gt;
&lt;p&gt;Day, Rosie, Gordon Walker, and Neil Simcock. “Conceptualising energy use and energy poverty using a capabilities framework.” Energy Policy 93 (2016): 255-264. &lt;a href=&#34;http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0301421516301227&#34;&gt;http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0301421516301227&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:17&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:17&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref2:17&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref3:17&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:18&#34;&gt;
&lt;p&gt;Total Energy Access, Practical Action. &lt;a href=&#34;https://policy.practicalaction.org/policy-themes/energy/total-energy-access&#34;&gt;https://policy.practicalaction.org/policy-themes/energy/total-energy-access&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:18&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:19&#34;&gt;
&lt;p&gt;Rao, Narasimha D., and Jihoon Min. “Decent living standards: material prerequisites for human wellbeing.” Social Indicators Research (2017): 1-20. &lt;a href=&#34;https://link.springer.com/article/10.1007/s11205-017-1650-0&#34;&gt;https://link.springer.com/article/10.1007/s11205-017-1650-0&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:19&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:20&#34;&gt;
&lt;p&gt;Mack, Joanna, et al. “Attitudes to necessities in the PSE 2012 survey: are minimum standards becoming less generous?.” PSE-UK Working Paper Analysis Series 4 (2013).http://poverty.ac.uk/sites/default/files/attachments/PSE%20wp%20analysis%20No.%204%20-%20Attitudes%20to%20necessities%20in%20the%202012%20survey%20(Mack,%20Lansley,%20Nandy,%20Patazis)%20Oct_2013.pdf&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:20&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:20&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:21&#34;&gt;
&lt;p&gt;Mattioli, Giulio. “Transport needs in a climate-constrained world. A novel framework to reconcile social and environmental sustainability in transport.” Energy Research &amp;amp; Social Science 18 (2016): 118-128. &lt;a href=&#34;http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2214629616300536&#34;&gt;http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2214629616300536&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:21&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:21&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:22&#34;&gt;
&lt;p&gt;Hand, Martin, Elizabeth Shove, and Dale Southerton. “Explaining showering: A discussion of the material, conventional, and temporal dimensions of practice.” Sociological Research Online 10.2 (2005). &lt;a href=&#34;http://www.socresonline.org.uk/10/2/hand.html&#34;&gt;http://www.socresonline.org.uk/10/2/hand.html&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:22&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:23&#34;&gt;
&lt;p&gt;Goldemberg, Jose, et al. “Basic needs and much more with one kilowatt per capita.” Ambio (1985): 190-200. &lt;a href=&#34;https://www.jstor.org/stable/4313148?seq=1#page_scan_tab_contents&#34;&gt;https://www.jstor.org/stable/4313148?seq=1#page_scan_tab_contents&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:23&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:24&#34;&gt;
&lt;p&gt;Thomas, Stefan, et al. Energy sufficiency policy: an evolution of energy efficiency policy or radically new approaches?. Wuppertal Institut für Klima, Umwelt, Energie, 2015. &lt;a href=&#34;https://epub.wupperinst.org/frontdoor/deliver/index/docId/5922/file/5922_Thomas.pdf&#34;&gt;https://epub.wupperinst.org/frontdoor/deliver/index/docId/5922/file/5922_Thomas.pdf&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:24&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;li id=&#34;fn:25&#34;&gt;
&lt;p&gt;Brischke, Lars-Arvid, et al. Energy sufficiency in private households enabled by adequate appliances. Wuppertal Institut für Klima, Umwelt, Energie, 2015. &lt;a href=&#34;https://epub.wupperinst.org/frontdoor/deliver/index/docId/5932/file/5932_Brischke.pdf&#34;&gt;https://epub.wupperinst.org/frontdoor/deliver/index/docId/5932/file/5932_Brischke.pdf&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref:25&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&amp;#160;&lt;a href=&#34;#fnref1:25&#34; class=&#34;footnote-backref&#34; role=&#34;doc-backlink&#34;&gt;&amp;#x21a9;&amp;#xfe0e;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/li&gt;
&lt;/ol&gt;
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